Thursday, 31 January 2013

El asesinato de Frei Montalva y la democracia chilena


No es facil referirse a temas que incomodan nuestras ideas y nuestra conciencia. Sin embargo, tampoco es simple escabullir el bulto, esconder la cabeza en la arena, como las avestruces, y dejar el cuerpo expuesto, Aunque nuestra sola culpa sea la antigua intolerancia, el fanatismo ciego de otrora, la invariable postura militante. Mas vale ser claros, sinceros y asumir nuestra postura.

 Nunca me gusto Eduardo Frei Montalva. Siempre he considerado que Frei Montalva fue uno de los elementos claves para que Chile cayera en el abismo de la dictadura y la represion. Su caracteristica personal, su prepotencia politica, su intolerancia y su gobierno donde la Democracia Cristiana se apodero de los servicios publicos, donde se termino la carrera funcionaria por la carrera con carnet del partido, la arrogancia de ese gobierno, fueron  factores muy importantes en la posterior clausura de las instituciones. La actitud de mal perdedor de Frei Montalva cuando entrego el mando a Salvador Allende, la tristemente célebre participacion de su Ministro de Hacienda Andres Zaldivar, hicieron que Frei se fuera por un camino que en definitiva condujo al caos aun mas profundo.

Posteriormente, durante el gobierno de Salvador Allende, la postura de Frei Montalva fue de oposicion al dialogo, fue golpista y su postura denunciaba a gritos su ambicion de llegar otra vez al poder, aun a traves de un golpe que le proclamaria como salvador de la democracia. Sus calculos fueron errados y la dictadura lo relego a una situacion de armatoste en una bodega de trastos viejos. De su ambicion de volver al poder, se transformo en otra victima del fascismo chileno.
Han pasado casi 40 años y a la luz de la historia, hay que ser justos y decir lo que realmente fue. El gobierno de Frei Montalva fue un gobierno democratico, elegido por mayoria absoluta por el pueblo y al cabo de 6 años, entrego el gobierno al succesor elegido democraticamente.No solo eso, el gobierno de Frei Montalva fue progresista y llevo a cabo profundas transformaciones sociales, politicas, economicas. Nuestro fanatismo politico ha causado que neguemos eso repetidamente; pero ahi esta la historia y eso no se puede encubrir. Podemos ser porfiados en aun discrepar y descalificar a Frei Montalva, pero nadie puede negar que su gobierno fue un gobierno que apoyo politicas en favor de la mayoria de los chilenos. Su posterior ambicion y quizas su tenebrosa actitud primera ante la dictadura, en nada disminuyen su estatura de presidente democratico y en lider de millones de chilenos.

Y ahora viene lo increible, el meollo de mi reflexion: Eduardo Frei Montalva, ex presidente de Chile por mayoria absoluta de chilenos en 1964, fue asesinado. Este crimen fue cometido materialmente mientras la victima yacia anestesiada en una mesa de operaciones de una centrica y famosa clinica de Santiago. El jefe de la operacion era su amigo y ex Subsecretario de Salud, Patricio Rojas. Como complices hay otros medicos acusados, agentes civiles del Ejercito, su ex chofer personal. Luego de su muerte causada por sustancias no convencionales introducidas a su cuerpo, su cadaver fue motivo de una autopsia tambien no convencional. Medicos del hospital clinico de la Universidad Catolica, introdujeron una escalera de tijera a su habitacion , colgaron el cadaver cual animal de matadero y le vaciaron las entrañas con el unico objeto de eliminar las pruebas del crimen. Todo esto fue realizado bajo el imperio de la dictadura militar, amparado y promovido este crimen por agentes de dicha dictadura. Mi reflexion es esta: Se puede ser antagonista politico, se puede discrepar de un gobierno. En mi caso personal puedo decir: Jamas me gusto Frei Montalva. Pero hoy, tras una vida de intolerancia politica, de fanatismos, de descalificaciones, puedo decir que este crimen me produce la mas grande repulsion. Esta gente es lo peor que nuestra patria chilena ha engendrado politicamente. Estos agentes encubridores, estos asesinos de mesa de operaciones, estos cobardes que matan a una victima anestesiada, son la ulterior y maxima representacion de la maldad y degradacion de la dictadura militar de Augusto Pinochet Ugarte.

Han pasado mas de 25 años de este crimen y Chile enfrenta una eleccion presidencial democratica. El hijo de Frei Montalva es candidato. Un hombre de la dictadura, Sebastian Piñera, lidera las encuestas. Chile es gobernado por una mujer socialista que cuenta con el apoyo, record en Chile, de casi el 80% de la poblacion. Sin embargo, el hombre de la dictadura encabeza los pronosticos. Yo no votare en esta eleccion ni tengo derecho porque vivo fuera de Chile. Si pudiera votar, lo haria por Frei Ruiz-Tagle. La concertacion que lo apoya, aun corrupta, especialmente de los partidos de Allende y Frei Montalva, los socialistas y la Democracia Cristiana, fue la concertacion que tras su lucha y acuerdo posibilito el hoy Chile democratico. Los otros representan, a la derecha, quienes cometieron el horrible crimen de Frei Montalva. Piñera, aunque lo niegue, representa a quienes asesinaron en las tinieblas, relegaron , deportaron, hicieron desaparecer, expulsaron de sus trabajos. Los del otro lado, los que se dicen verdaderos izquierdistas, son los que crearon el caos que hizo posible el fracaso del gobierno de Salvador Allende.
Hoy quieren volver a lo mismo. Quieren “agudizar las contradicciones”, eufemismo de otrora que significa crear el caos para hacer las condiciones de volver al poder, aun a costas de que sea electo un hombre de Pinochet; eso causaria la derrota de la Concertacion y podria, ulteriormente, impulsar su viraje mas a la izquierda. Mi posicion poco importa, mi importancia politica es minima, sin decir inexistente. Pero aun tengo conciencia y no le quito el bulto a decir mi opinion. No dejare de dormir el domingo si gana Piñera. No celebrare a gritos el triunfo de Frei ni me hara feliz la derrota del anciano Arrate o el joven Enriquez-Ominami, apoyado por los tenebrosos Chavez o Max Marambio. Pero si me satisface que hoy en Chile no se puede asesinar un ex Presidente en la mesa de operaciones. Espero que ni bajo un gobierno de Piñera, esa depravacion politica sea posible.
Tampoco me asusta decir que esas ideas de “agudizar las contradicciones” ya no me representan. Ya no obedezco ordenes de partido para pensar y opinar. En mi largo camino de la vida y en el largo camino geografico de mis viajes y mis paises, he visto ya muchos crimenes. Por mi conciencia de hombre simple, nacido en el campo chileno, hijo de un padre Practicante de las oficinas salitreras y de una madre profesora primaria normalista, me he liberado de las ataduras de la intolerancia politica, opino lo que se me da la gana y aplaudo que en Chile todos puedan hacer lo mismo, aun elegir a un candidato que representa el pasado dictatorial y represivo. Eso es la democracia chilena y bajo ese sistema viven y han elegido vivir los chilenos.
Si me consideran traidor por no apoyar hoy las fracasadas dictaduras de Castro en Cuba, por denunciar los crimenes del stalinismo en la ex URSS o por decir que Allende cayo mas por causa de los bomberos locos que por causa de la CIA, no me importa ser traidor a esas ideas de fanatismo y congelamiento politico. El asesinato en la mesa de operaciones de Eduardo Frei Montalva es uno de los crimenes mas escalofriantes de la historia chilena y es una verguenza para Chile que profesionales y militares esten involucrados. Un crimen como ese se cometio en la Alemania nazi y en la URSS de Stalin. La CIA ordeno crimenes como ese en Vietnam. Yo me opongo a levantar un dedo para “agudizar ninguna contradiccion” que posibilite en Chile y en ningun otro pais, dictaduras capaces de cometer tamaños crimenes.
Siempre considere a Eduardo Frei Montalva como un adversario a mis ideas politicas. Hoy, inclino mi cabeza en respeto a su memoria; mis desacuerdos politicos con su accion politica nada tienen que ver con apoyar un crimen. No aplaudo ni a Piñera, ni a Frei Ruiz-Tagle, ni a Enriquez-Ominami, ni a Arrate. Aplaudo porque en Chile son capaces de elegir un presidente sin tener que matar a otro. 

Los heridos del fin del mundo


Los hechos ocurridos en esta historia datan del tiempo cuando en mi pais el horror se habia hecho costumbre. Narrar estas cosas ahora solo tiene sentido para los chilenos de entonces; o mas bien, tiene sin sentido. A mediados de 1985, ya estabamos por cumplir doce años de dictadura militar; hacia ya tiempo nos habiamos hecho a la idea de que las opiniones personales eran para cada uno y no para propagarlas; lo que decian los medios estaba censurado o autocensurado; el Dictador podia hacer y deshacer sin darle cuenta a nadie ; el miedo, tan espantoso y visceral al principio, se habia transformado en una constante molestia que manteniamos en el fondo del cerebro, listo para aflorar cuando las circunstancias de cada uno lo determinaran. Cada cual habia adoptado la mejor forma para sobrevivir los horrores: hacerse el desentendido ; trabajar duro sin escuchar opiniones ni darlas; ignorar los problemas ajenos, mimetizarse con los indiferentes; otros cambiaban amigos o desconocian parientes comprometidos; habia quienes colaboraban  ciegamente con los milicos, ya sea en sus trabajos o en las diversiones.  Despues de doce años ya nadie pensaba que la dictadura caeria muy pronto y cada habitante del territorio tenia su mecanismo de defensa muy establecido y la mayoria de los chilenos se hacian los sordos, ciegos y mudos ante la nauseabunda realidad de la sociedad.
Una buena parte de los habitantes habia partido al exilio despues del golpe militar y esa gente, que suponia regresar muy pronto, ya luego se habian percatado que sus calculos eran errados y ahora volvian como turistas, al menos aquellos que salian en las listas de retorno. Tambien muy pronto al llegar de visita, se habian encontrado con un pais distinto, con amigos y parientes algo renuentes a recibirles o al menos, con visitas cortas y conversaciones superficiales, ajenas a la realidad y a los temas que los espantados exiliados traian para conversar. La mas tipica reaccion de los “quedados” era pensar que los exiliados vivian en el pasado, aun dependiendo de cupulas partidarias moscovitas o atados al fanatismo revolucionario de la isla de Cuba. Los sorprendidos retornados en cambio, no salian de su asombro al encontrar viejos camaradas que aplaudian medidas del gobierno, defendian el modelo economico, se negaban a hablar de la recesion mundial y no mostraban interes alguno por las campañas que los exiliados realizaban afuera para volver a la democracia. Era tan profundo el abismo entre los chilenos de adentro y afuera, que esas diferencias duraron por años, aun mas alla de la caida de la dictadura. Incluso las palabras no significaban lo mismo para estos chilenos. El “orden” de los chilenos de adentro era represion para los de afuera. El pais moderno  de los de adentro era fascismo para los de afuera. El golpe de los exiliados era pronunciamiento de los quedados. La solidaridad internacional de los chilenos de afuera era el bloqueo economico de los chilenos en Chile. Hasta la lucha final contra la dictadura fue distinta entre los de adentro  y afuera. Mientras afuera apoyaban el desembarco de armas, adentro se unian para derrotar al dictador en un plesbicito.
No es de extrañar entonces, que cuando se produjo la historia que me apresto a narrar, la mayoria de los chilenos vivia un surrealismo a la manera de cada uno. Nadie decia la verdad ni nadie hablaba lo que realmente opinaba. Los que llegaban al pais aprendian muy pronto a callar sus afanes y volver a sus patrias de exilio lo antes posible. Los chilenos de adentro eran de un pragmatismo envidiable; prestos a encontrar la explicacion a los crimenes mas espantosos, cuidar el pellejo con dedicacion exclusiva y todo ello teniendo en cuenta valores que nadie podia discutir, como familia, esposa, hijos. Los opositores que vivieron en Chile durante la dictadura de Pinochet enfrentaron una realidad aplastante para ellos y sus familias y esa realidad tardo muchos años en aflorar realmente, los sufrimientos que experimentaron, las discriminaciones y exclusiones, el aislamiento social que padecieron en la sociedad chilena les marcaron para siempre y muchos  nunca lograron referirse a ello con entera libertad.
En medio de todo, se produjeron hechos notables y que resultaban dificiles de explicar en medio de la indiferencia. Cuando menos se pensaba, aparecia gente que se olvidaba de la dictadura o al menos aparentaba eso, y cometian actos insolitos de solidaridad y calidad humanas. Resulta confuso tratar de explicar esto, pero sucedia en todos los niveles de la sociedad; era como una reaccion excepcional a la apatia general y a la indiferencia. Era como un grito en el silencio, un aplauso en medio del concierto: apenas se producia, el mismo protagonista trataba de acallarlo o ignorarlo y volver, rapidamente, al acomodo anterior y a su propio silencio.
La historia de Oleg  Korzhenko en Chile es uno de esos momentos o episodios donde un numero de personas, cometieron ese increible acto de solidaridad y bondad en medio de la pesadilla, arriesgaron su seguridad ya fragil y la de sus familias por un desconocido y aunque despues lo callaron por muchos años, ese hecho constituyo quizas el acto mas humano, un parentesis de conciencia, una brisa de aire fresco en medio de sus vidas reprimidas, de su silencio de años y, asimismo, fue un instante de amistad verdadera en medio de su espantosa soledad de chilenos relegados en su propio pais.
A excepcion de mi propio nombre y el de Oleg Korzhenko, algunos nombres del resto de los participantes han sido obviados o abreviados, aunque los hechos y las personas son reales. No han pasado tantos años, despues de todo, y quizas varios prefieren olvidar su participacion en esta historia. Parece que el miedo, como esas porfiadas enfermedades que se alivian pero continuan en el cuerpo de manera latente, amenaza siempre con salir a flote e impide que alguna gente recuerde en voz alta incluso los actos buenos que una vez tuvo la osadia de cometer.

           EL AUTOR

                              
Esta historia esta dedicada a :
                                          Oleg Nikolaevich Korzhenko,  mi hijo del destino.
                                           Mis hijos,  Eva Maria, Nadia, Rocio y Marcos Ivan,
por su constante cariño y por haber sido testigos asombrados de esos años.
                                           Ketty Rivas, madre de mis cuatro hijos y sin cuya ayuda y apoyo durante la dictadura, esta historia no hubiera ocurrido.
                                            Vika  Grigorieva , por existir, aun en la ausencia.
                                             
                                             La memoria de mis padres, fallecidos durante la dictadura.
                        
                                                                             Marcos Octavio Medalla
                                           
                                           
                                           
                              
                                          
                                                              
                                           
                  
                              
          
                              
         Junio, 2006
 Estoy en Moscu. He llegado hace tres dias invitado por el programa de Television “Zhdi Menia” ( “Esperame). Me han dicho que me encontrare con Viktoria, mi amiga de la juventud, cuando yo era estudiante de la Universidad Patricio Lumumba de Moscu en 1965. La redactora del programa me ha dicho que Vika me busca y ha dado mis datos por los cuales el programa me ha ubicado en Toronto, Canada, donde vivo desde 1989. Me han invitado especialmente a Moscu a este encuentro con mi amiga a la que he recordado por 37 años. En estos tres dias hemos filmado entrevistas y encuentros; me han preguntado sobre Chile y mi vida. Cuando aun  estaba en Toronto la redactora me consulto por mi relacion con sovieticos antes del golpe militar en Chile y despues del golpe. En este ultimo caso solo le mencione una historia que yo he mantenido en reserva por 21 años. Elena R. la redactora del programa me pregunto algunos detalles, pero sin darle mayor importancia. Ahora estoy en la habitacion del Hotel Zaria, en el norte de Moscu y Elena me llama otra vez por telefono y me hace preguntas sobre el año 1985 en Chile sin mencionar la historia anterior. Me llama la atencion que repita el tema un par de veces por telefono, siempre refiriendose a l985 en Chile.
Elena se despide y me da las buenas noches. Antes me ha dicho que mañana Jueves, a las 12 debo estar en el hall del Hotel. Vendran a buscarme y me llevaran a Ostankino, la estacion de Television de Moscu donde grabaran el programa. Le pregunto: “Entonces, mañana vere a Vika?”  “Si, Marcos”, me dice Elena R. “mañana la veras”.
Noto cierto tono de misterio al responder y tras despedirme me siento en la sala y recuerdo de nuevo la conversacion. Estoy muy nervioso por la proximidad del programa y mi encuentro con Viktoria despues de tantos años. Pero la mente vuelve a las preguntas de Elena R.: Chile en 1985. Me pregunto que tiene que ver eso con Viktoria. Como no encuentro relacion, me pongo a pensar en ese año, 1985, el año del terremoto, el año de los degollados, el año que nacio Marcos Ivan, el año de.......Oleg. 
                 Una Mañana de 1985

Una mañana de 1985 me dirijo en auto por la Avenida España entre Viña del Mar y Valparaiso, llevamos a nuestras tres hijas al colegio, mi esposa espera nuestro cuarto hijo. En el camino enciendo un noticiero radial y en medio de la lentitud del trafico matutino, escuchamos las noticias. El locutor da cuenta de una noticia insolita en el Chile de entonces. Un marino sovietico ha sufrido un grave accidente en alta mar, en aguas internacionales, a bordo de un barco pesquero de la Union Sovietica. Ante la gravedad del accidente, las autoridades sovieticas han solicitado autorizacion al gobierno de Chile para desembarcar al marino herido y que reciba atencion medica de urgencia. El gobierno de Chile ha accedido a la solicitud y el marino ha sido desembarcado en Valparaiso de madrugada, luego de lo cual el barco ruso ha abandonado de inmediato aguas chilenas.
                                   
Un barco navega en silencio.
Nunca la bahia de Valparaiso
habia callado ante barco extranjero.
Hoy no desembarcan cañones, 
ni chalecos, ni bananas.
Hoy, en plena madrugada humeda,
llega un joven herido.
Cuidado, peligro, alejense:
es de la URSS.
Nos miramos con mi esposa y no decimos nada.  Cada uno se pregunta quien sera este marino, en que hospital estara en este momento y quien le estara atendiendo. Continuamos camino y tras dejar las niñas en el colegio, me voy a mi trabajo en el Cerro Monjas, donde tengo una imprenta. En 1979 yo habia sido exonerado del Servicio de Aduanas donde fui funcionario desde 1971. Me habian detenido en 1973, mi casa allanada varias veces y  a pesar de haber continuado en servicio hasta 1979, mi conocida militancia comunista me impedia desarrollar ninguna actividad politica. Cuando fui exonerado en 1979, tras la restructuracion del Servicio de Aduanas, trabaje un año como vendedor de una imprenta de la Avenida Francia y luego quede otra vez sin trabajo.  Sin dinero, con dos hijas pequeñas que mantener, los tiempos en 1980 eran extremadamente dificiles en Chile.

Con la ayuda de un amigo que trabajaba en el Banco Morgan Finansa, solicite un credito de pequeño industrial y obtuve un prestamo de 200 mil pesos. Adquiri un  equipo offset de oficina e instale una pequeña imprenta en un local antiguo del cerro Monjas. Al cabo de un tiempo adquiri una antigua prensa de tipografia Heildelberg, una vieja guillotina y el taller de imprenta comenzo a funcionar con relativo exito. Mis precios eran bajos, yo mismo vendia, entregaba, encuadernaba, tenia solo un operario para la prensa y al cabo de dos años ya teniamos dos prensas offset de oficina y nuestra clientela habia crecido. Pronto le dimos trabajo a otros operarios y en 1982 obtuvimos un credito Corfo de tres mil UF para pequeños industriales que se uso en una nueva prensa, equipos de fotomecanica y nueva guillotina. Dicho credito Corfo fue garantizado por la casa de mi madre en Viña. El gobierno de Pinochet habia asegurado que la solidez de la economia chilena permitia prever que el dolar seguiria al precio de 39 pesos y era muy seguro endeudarse para ampliar negocios y talleres.

Cuando escuchamos la noticia acerca del marino sovietico herido en 1985, ya la solidez de la economia pinochetista habia hecho crisis, nuestra deuda en UF se habia multiplicado y trabajabamos arduamente para pagar los intereses y salvar la casa de mi madre, que habia fallecido en 1984.

Esa era la situacion  ese dia de 1985 cuando llego a la Imprenta. Trabajamos duro, habia ventas y clientes, pero casi todos los ingresos se ocupaban en servir la deuda. Hace poco ha habido un desvastador terremoto en  Valparaiso y eso ha agudizado los problemas economicos.

A eso de las diez de la mañana recibo una llamada telefonica. La secretaria de la Imprenta me dice que me llama el señor Anibal S.  Conozco muy bien a Anibal S. Tomo de inmediato el telefono y Anibal me saluda con afabilidad. Luego me dice, “Marcos, podrias venir a mi taller, quiero conversar contigo sobre unas maquinas de imprenta.”

Le digo que si, que bajare de inmediato. Anibal tiene un taller de balanzas y equipos de refrigeracion en calle Colon,  frente al liceo Eduardo de la Barra, muy cerca de mi imprenta en el Cerro Monjas. Sin embargo yo se que no desea hablar de maquinas de imprenta. Lo conozco desde hace mas de 23 años.

Yo ingrese a las Juventudes Comunistas en 1961, cuando tenia 15 años y era  estudiante del liceo Eduardo de la Barra. Mis primeros camaradas fueron Jorge y Osvaldo S, hijos de Anibal S. antiguo militante del partido, miembro del comite regional y posteriormente encargado de control y cuadros. Mis primeras reuniones fueron en su casa, yo solia ir a tomar onces con ellos, alli haciamos las reuniones y cuando yo estaba en quinto año de humanidades trabaje en la libreria de un dirigente del partido que funcionaba en un costado del taller de balanzas. Ahora me llama en plena dictadura por alguna razon de maquinas de imprenta y yo se que se trata de conversaciones sobre el partido;  tengo absoluta y plena confianza en este camarada que conozco desde que yo era un liceano junto a sus hijos. Su hija Angelica, esta casada con  Jorge O. egresado de Periodismo donde fuimos compañeros. Puedo decir que desde el punto de vista politico, Anibal y su familia son casi como mi familia.

Asi que esa mañana bajo a la calle Colon con absoluta confianza y tranquilidad. Cuando estoy junto a el le pregunto primero por Jorge y Osvaldo que viven exiliados. Luego  me invita a sentar y me pregunta: “Escuchaste las noticias de hoy?” Le digo que si, de inmediato supongo que se trata del marino sovietico desembarcado. En seguida  comienza a hablar:

“Marcos, me dice, “el partido esta preocupado por el camarada sovietico y hemos decidido hacer algo para ayudar. Tenemos gente en el Hospital Aleman donde se encuentra, podremos recibir informes, pero necesitamos tu ayuda. No hay quien pueda servir de traductor y que cuente con nuestra confianza. Ademas hay que ayudar al marino que seguramente pasara varios dias en Valparaiso y esta resguardado por militares. Sabemos que sera dificil y arriesgado para ti pero pensamos que la dictadura no se atrevera a tocarte para no enfrentar problemas con la Union Sovietica. No podemos garantizar nada, lo dejamos a tu decision personal. Si aceptas ayudar, debes presentarte mañana en la oficina del Director del Hospital, el Dr. R. y el te dara las facilidades para acceder al herido. Hoy nada se puede hacer, el marino esta en la sala de operaciones y no sabemos cuando se podra verlo. En cuanto comiences a verlo nos comunicaremos por otras vias, tendras contacto con otras personas del hospital  y no me llames a menos que sea urgente y no directamente. Si decides no ayudar en esto, hazmelo saber mañana para adoptar otra forma de actuar con el herido.”

Me despido de Anibal, vuelvo a la Imprenta y ocupo el resto de la mañana en pensar en las repercusiones de esta situacion. Esta claro que si ayudo como traductor de un marino sovietico resguardado por militares, el hospital completo vigilado y con informantes por todos lados, me expongo a lo peor. Me detendran en cuanto el marino se vaya de Chile, investigaran otra vez todo mi pasado militante comunista, mi negocio, mi familia, los operarios perderan el trabajo, embargaran la casa , por decir lo menos. Debo recordar que hace pocas semanas, el 29 de Marzo fueron asesinados por Carabineros los hermanos Rafael y Eduardo Vergara Toledo, militantes del Mir en una calle de las Rejas de Santiago y un dia despues tambien es asesinada Paulina Aguirre de 20 años. Un dia despues, el 30 de de Marzo son secuestrados en pleno Santiago los militantes comunistas Santiago Nattino, Manuel Guerrero y Jose Manuel Parada, este ultimo  funcionario de la Vicaria de Solidaridad. Sus cuerpos son encontrados degollados y  se encuentra culpables a funcionarios de Dicomcar, un organismo de Carabineros. El crimen conmociona a Chile y crea un estado de permanente alerta y temor entre los chilenos de izquierda y vinculados al PC. Ese clima se vive ese dia de mi entrevista con el camarada Anibal S.

A la una bajo a buscar las niñas al colegio y nos vamos a Chorrillos a almorzar. Luego del almuerzo llamo a Ketty, mi esposa, para conversar. Le cuento la conversacion con Anibal. Discutimos la situacion. Ketty me dice que el partido jamas me ayudo cuando quisimos emigrar despues del once porque yo continuaba trabajando en la Aduana. Ahora quieren exponerte a ti y tu familia. Me recuerda lo que acaba de suceder a los tres degollados. Le digo que fue decision mia quedarme en Chile cuando no logramos un contacto seguro para salir y que eso lo discutimos juntos. Ahora se trata de un marino herido y debemos adoptar una decision. Ketty me dice que cualquier decision que adopte al respecto alla la apoyara y me ayudara con las consecuencias. Vuelvo a trabajar pero no dejo de pensar en la situacion. En la tarde cuando regreso a casa volvemos a hablar y decidimos hacer lo siguiente: Mañana me presentare donde el Dr. R. como cualquier particular, averiguare con el la envergadura de las heridas del marino y la necesidad de contar con traductor. Si noto algun signo de riesgo, declino ayudar y me olvido de la situacion.

Como se vera mas adelante, no logre jamas olvidarme de la situacion.












                                                                                                                                                        

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                

Los heridos del fin del mundo Parte 2

Conozco a OlegAl dia siguiente me presento en las oficinas del Director del Hospital Aleman alrededor de las 9 y media de la mañana. El Dr. R. es un medico muy afable, alto y delgado, me saluda con mucha amabilidad y cuando noto que no me hace preguntas respecto a porque estoy aqui, deduzco que sabe perfectamente quien me envia. Tampoco le digo nada y solo le pregunto sobre  el estado del marino y la duracion del tratamiento. Me informa que el marino tiene casi destrozada una rodilla, ha sido operado por primera vez y debera tener otras operaciones. Pero, lo mas grave es la infeccion, el largo tiempo, mas de dos dias que estuvo sin tratamiento adecuado y los riesgos de que pierda la pierna son muy altos. Nada se puede garantizar y es muy importante la fortaleza fisica y mental del paciente. En ese sentido, me dice, es muy importante mi ayuda como traductor, a fin de que el paciente sepa su estado y colabore con el tratamiento. Me asegura que tendre pleno acceso al paciente a toda hora, nadie controlara mi ingreso cada dia y no debere rendir cuenta a nadie de mis visitas. Yo lo miro a este medico y pienso si esas garantias corren para cuando el paciente se vaya de Chile. En seguida el Dr. R. me invita a ver al paciente.Yo conocia muy bien el Hospital Aleman de Valparaiso. Entre 1960 y 1963 vivi en la misma calle Hospital en pleno Cerro Alegre, es el barrio de mis años liceanos. Posteriormente mi hija Nadia nacio en ese Hospital en 1977 y el medico de mis niños, el Dr. Aldo Francia, cineasta muy conocido, estuvo con nosotros tras el nacimiento alli mismo varias veces.Caminamos por los pasillos de la vieja construccion y frente a una de las habitaciones hay un soldado con uniforme junto a la puerta. Es mi primer contacto con soldados en torno a esta historia. El soldado se hace un lado y el Dr. R. abre la puerta. En el interior veo dos enfermeras junto a una camilla. El herido esta en la camilla, no en la cama de la sala. Hay tubos de suero alrededor, fuerte olor a desinfectantes.  El paciente parece anestesiado, no se mueve y el medico se acerca a la camilla y me invita a acercarme. Veo por vez primera el rostro del marino sovietico. Mi primera reaccion es de profundo asombro. El marino parece un niño. Le pregunto al medico la edad del paciente y me dice: 20 años. Ni siquiera parece de 17 . Tiene un pequeño bigote pero mas bien parece una pelusa sobre la piel. Que se trata de un ruso no hay duda alguna. Su rostro es muy familiar y apenas abre los ojos. Mi impresion es que esta muy asustado. Parece un niño muy asustado.En seguida yo me inclino lentamente, acerco mi cara a la suya y le digo suavemente: ”Hola, me llamo Marcos, puedo entender el ruso y he venido a ayudarte.” El marino cierra los ojos y no contesta. El medico me pide que le diga sobre su operacion y el estado de su pierna. Primero le pregunto su nombre y escucho sus primeras palabras. “Me llamo Oleg”.Luego Oleg escucha el informe del medico y no hace preguntas. Responde a las preguntas solo con si o no y como parece muy cansado el medico le dice que descanse y que le volvera a ver en la tarde. En seguida me inclino otra vez y le digo,  “Oleg, yo fui estudiante de la Universidad de la Amistad de los Pueblos de Moscu y estoy dispuesto a ayudarte. Vendre en la tarde a verte otra vez.”  Oleg me mira y noto una pequeña mirada de simpatia, aunque no sonrie.Salgo de la sala y el Dr. R. me vuelve a decir que los riesgos son muy altos. No se sabe si podra salvar la pierna. Y  pienso entonces si yo mismo podre salvar el pellejo esta vez. Me despido, le digo que volvere por la tarde y me voy a mi trabajo. En la salida del hospital hay mas soldados, me miran con impertinencia pero nada dicen ni controlan.Cuando vuelvo a casa ese dia encuentro a Ketty y le cuento la visita. Luego le digo: “Sabes, es apenas un niño, nacio en 1965 cuando yo llegue a Moscu por primera vez, podria ser mi hijo. Esta muy asustado y probablemente perdera la pierna. “Ketty, si no lo ayudo ahora, como podre mirar a los ojos a mis hijos cuando pase toda esta pesadilla y sepan que me negue a ayudar a un marino herido de la Union Sovietica?”En ese momento Ketty entiende que yo lo ayudare a pesar de los riesgos y me dice, “bueno, no te preocupes, hemos pasado por peores y esto solo durara unos dias”.En la tarde veo a Anibal en una casa de remates donde habiamos quedado de asistir a la subasta para poder hablar. Le digo que ayudare al marino y le doy detalles del informe medico. Anibal me agradece y me dice que tendre todo el apoyo que el Partido me pueda entregar dadas las circunstancias, quedamos en la forma de comunicarnos y me da ciertos detalles de los contactos al interior del Hospital en caso necesario. Nos despedimos y le digo que visitare a Oleg todos los dias a la hora de la visita medica y en las emergencias.Debo decir que Ketty estaba equivocada respecto a los pocos dias que duraria esta historia. Oleg soporto siete operaciones para salvar su pierna, el tratamiento duro 4 meses y durante ese tiempo nacio mi hijo Marcos Ivan y Oleg se transformo en uno mas de la familia a quien habia que visitar todos los dias y mantener informado de todo lo que ocurria en la familia.

Pasillo de hospital.

Camino sin dar mis pasos,

me observan pero no veo.

El miedo se mueve lentamente

en este hospital del Cerro Triste.

Un hombre herido espera

decir sus pocas palabras

de cada dia en silencio.


Oleg en el Hospital

Poco a poco Oleg fue recuperando la confianza. Pero a menudo se sentia deprimido. Los dolores eran intensos, su soledad de los amigos y colegas y el aislamiento contribuian a su amargura. Yo llegaba cada dia y le llevaba sus cigarrillos, le informaba los mensajes que el medico me habia dejado y luego trataba de animarlo. Muchas veces me recibia enojado, molesto, a veces estaba irascible, otras veces muy triste y ausente. Yo usaba mil tretas para subirle el animo. Unas veces le decia que el era un marino sovietico, un profesional de la URSS, no un cobarde. “Que diran tus camaradas a bordo si pierdes la pierna y te deprimes sin luchar?” Otras veces recurria a su familia, le recordaba a su madre y su padre en Astrakhan; “Te imaginas como querran tus padres que llegues sano de vuelta? Animo, sovietico, animo, ya tendremos tiempo de bailar otra vez. Tu crees que a mi me gusta venir a ver la cara de esos milicos alla afuera?”


Oleg, hijo, privet.




Donde estas? Donde esta Chile?

Aqui te espero, en nuestra Rusia,

aqui en Astrakhan

te espera tu madre.

Sonrie hijo, soy tu padre

que te saluda y espera.

Fuerza. Caminaras otra vez

con tus dos piernas

el largo futuro de Rusia.

En otras ocasiones Oleg estaba alegre, conversabamos por horas y yo  no me preocupaba de los soldados ni los informantes. Un dia hubo una novedad, lleve a mis hijas mayores a verlo, por entonces Eva y Nadia tenian 9 y 8 años de edad. Oleg se sintio mucho mejor viendo las niñas, luego conocio a Rocio de 3 años y cuando nacio Marcos Ivan lo llevamos con Ketty, lo tuvo en brazos, le llamo “Vania” y despues preguntaba por los niños todos los dias. En la primera visita de mis hijas, cuando entramos Oleg miraba ‘Tardes de Cine” en el televisor y mostraban la pelicula “Los Viajes de Gulliver”. Las niñas se incorporaron a mirar tambien la pelicula con Oleg y cuando el gigante Gulliver estaba amarrado por las gentes pequeñas y hacia esfuerzos por liberarse, Oleg comenzo a hacer gestos y muecas a las niñas, parecido a Gulliver, para mostarles que estaba ahi amarrado por sus heridas en la cama de hospital y tambien queria estar libre. Un par de decadas despues mis hijas recordaban la escena y los detalles de esa primera visita, cuando vieron por primera vez un ruso y escucharon por primera vez su idioma.

Mis hijas sonrien con risa de niñas.


No es un jardin de juegos.

Es una sala oscura

y huele a medicamentos.

Una enfermera vigila

atentamente.

Un joven mira y sonrie,

habla un idioma desconocido.

Y mis hijas sonrien a Gulliver,

ajenas al secreto, al temor

y la pesadilla.


Pero el tratamiento no avanzaba. Nuevas operaciones, nuevos peligros de infeccion. En ocasiones Oleg desconfiaba del tratamiento. Pensaba que el hospital alargaba el tratamiento para cobrar mas a la Union Sovietica. A veces yo opinaba lo mismo. Pero no habia segundas opiniones. Todo estaba en manos del Hospital y de la empresa naviera que tuvo a su cargo los asuntos de Oleg. Cada ciertos dias aparecia un individuo de la naviera con facturas y papeles, informes para ser llenados por el medico. Oleg miraba todo eso con mucha antipatia, esperaba mensajes de su naviera en Kaliningrado que no llegaron jamas o bien la naviera chilena a cargo no entrego jamas un mensaje a Oleg, ni una carta, nada. Durante los 4 meses Oleg no tuvo contacto alguno con la URSS.

La recepcionista del Hospital se llamaba Veronica. Yo la conocia, su madre era militante comunista. Con Veronica jamas tuvimos alguna conversacion personal en el Hospital y cuando yo llegaba nos saludabamos como extraños. Pero cuando Oleg estaba con algun problema, se sentia deprimido o necesitaba algo, Veronica me llamaba por telefono y me decia: “Marcos, la guagua esta inquieta. El niño necesita atencion”. Mensajes por el estilo y yo me iba de inmediato a Valparaiso. Un dia domingo en la noche Veronica me llama y me dice: “La guagua no puede dormir, seria conveniente que usted viniera”. Llego al Hospital como a las 11 de la noche.  Oleg esta muy inquieto y malhumorado. Apenas me ve supone que me han llamado y me dice que no me moleste. Le digo, “que te pasa? “Me quiero tirar por la ventana,” me dice. “Bueno le digo, si te tiras por la ventana la URSS debera pagar aun mas por ti y tu familia tendra aun mas problemas.” Ahi me quedo unas horas, trato de animarle, fumamos, tomamos cafe, compartimos la sopa y poco a poco se va tranquilizando. Asi  varias veces.

Un dia recibo una llamada alarmante: “Venga de inmediato al hospital.” Cuando llego encuentro a Oleg rodeado de enfermeras y un medico de turno. Le miran con temor y angustia. Pregunto que ha pasado y la enfermera jefe me dice que han sorprendido por la tarde a Oleg intentando salir por la ventana y caminar por el techo del pabellon inferior. Piensan que queria suicidarse. Miro a Oleg y le pregunto que queria hacer en el techo de la planta baja. Me dice que solo queria tomar un rato de sol encima de las calaminas. Les explico a las enfermeras y el medico de turno que no pueden atajar a un ruso, ni en pleno invierno de Siberia, a que tome unos rayos de sol si los tiene cerca. A raiz de esa situacion ese dia, la administracion busca una terraza interior asoleada y alli llevan a Oleg por un rato cada dia, estrictamente vigilado. Despues Oleg y yo nos reimos harto de eso. El rie a carcajadas cuando le digo que yo jamas pense que se iba a suicidar sino que crei que queria meterse en la pieza de las enfermeras.

Otras veces llego a la habitacion y lo encuentro preocupado de los programas de television, como si entendiera el idioma. A Oleg le gusta Sabados Gigantes y ha aprendido a decir “Chao pescao”. Nos reimos mucho con eso y un dia le llevo cassetes de canciones de Vladimir Vissotsky. El director del Instituto Chileno Frances, que ha sabido por un periodista amigo y que fue compañero mio en la Universidad que yo hablo ruso, me ha contactado y yo le hago clases de ruso elemental en su casa . Este frances me presta dos discos para mi desconocidos. Uno de Boulat Okudzhava y el otro de Vladimir Vissostky.

Hago dos cassetes con estos discos y se los levo a Oleg. Nunca lo vi tan contento en el hospital como ese dia escuchando las canciones prohibidas de Vladimir Vissotsky.

A veces yo estoy muy ocupado. La imprenta enfrenta problemas, las UF suben y suben. Un dia no tengo tiempo de ir y telefoneo a Veronica. Me dice que esta todo bien. Al dia siguiente llego a ver a Oleg y este no me habla, esta enojado porque no fui el dia anterior.

Yo me rio y le hago bromas pero luego entiendo que solo habla conmigo, soy su padre, madre, amigo, confidente. Le prometo que vendre todos los dias y luego terminamos amigos.

Un dia  Ketty  le lleva un brazo de reina. Le gusto mucho y Ketty tuvo que hacer mas seguido. Cuando pasaban varios dias que yo no llevaba los niños, Oleg se preocupaba y creia que estaban enfermos. Mis hijos fueron su familia y se preocupaba de ellos. Las niñas jugaban o hacian tareas en la habitacion mientras Oleg observaba. Muchos años despues mis hijas ya grandes recordaban esas tardes en el Hospital Aleman con Oleg y se preguntaban donde estaria , que haria, si tendria hijos y familia.

Como a los tres meses ya se puede decir que la pierna de Oleg esta salvada. Solo hay que realizar unas pequeñas operaciones y esperar que todo salga bien. Ya podemos hablar del retorno a la Union Sovietica. Oleg comienza a dar sus primeros pasos por la habitacion con ayuda de bastones. Por entonces conversamos largamente, nos olvidamos completamente de los soldados y soplones. Ya no hay guardia frente a la habitacion pero suponemos que nuestras conversaciones estan siendo registradas. Pero ya es tarde, mi relacion con Oleg es de familia, no puedo imaginar un dia sin verle y conversar con el. Cada dia en mi casa se discute su estado, la fecha de la partida y los preparativos para enfrentar las consecuencias de mi participacion en esta historia.

Hace unos dos años he conocido al consul de Canada en Chile. Mi cuñado Ricardo Rivas vive exiliado en Toronto y ha conocido al nuevo consul canadiense designado en Santiago y le da mi direccion.  K. S. visita mi casa en 1983 y nos hacemos amigos. K. me regala una copia de la pelicula Missing y ver esa pelicula en esos años nos produce una terrible impresion. Hemos vivido la dictadura en Chile y no hemos experimentado testimonios que eran accesibles en el extranjero. En Chile debemos conformarnos con leer noticias entre lineas. Otras veces K. nos invita a su casa en Santiago donde conocemos a otra gente chilena que ayudan a personas en situacion dificil con el gobierno de Pinochet. Un dia le cuento a K. mi participacion y relacion directa con Oleg. El consul de Canada no me dice nada, pero en su siguiente visita  me pide que le avise cuando Oleg abandone Chile.  Esta dispuesto a ayudarme si es necesario que abandone el pais. Le agradezco y le digo que he soportado todos estos años en Chile y tratare de seguir haciendolo.

El doctor N. I. es mi amigo. Lo conoci un dia en un bus a Chorrillos y resulto que eramos vecinos. N. es democrata cristiano de izquierda, nos hacemos muy amigos y tambien nuestras familias e hijos. N. compra una casa en el barrio O’higgins, le visitamos continuamente. Cuando nace mi hijo Marcos Ivan, N. y su esposa son los padrinos. De manera que N. tambien sabe la historia de Oleg y conversamos largamente de los riesgos que enfrento por esos dias. Ademas compartimos la misma tragedia de las UF. Cada dia es mas dificil enfrentar esta pesadilla. Las mensualidades que mi amigo debe pagar por su casa se hacen mas y mas altas, debe renegociar la deuda y finalmente pierde su casa. Ese hecho tan doloroso para una persona que trabaja duramente en Chile, que lucha con sus armas de medico por el retorno de la democracia, nos estremece. Es el adelanto de lo que nos ocurrira a nosotros mismos.

Como Oleg se siente mejor, camina mas confiadamente y se acerca el momento de la partida, solicito autorizacion para llevar a Oleg a mi casa en Chorrillos, para que pueda estar un par de horas en una casa con familia, ha pasado mas de 3 meses en la habitacion del hospital. La direccion del hospital hace las consultas ante las “autoridades competentes” y la solicitud es denegada. El tripulante sovietico, esa es la expresion usada, no puede abandonar el hospital por razones de seguridad. Entonces solicito que cuando sea llevado a Santiago al aeropuerto de Pudahuel, el vehiculo haga un recorrido por la ciudad de Valparaiso y Viña del Mar a fin de que Oleg pueda ver aspectos de nuestro pais.

Me responden a traves del funcionario de la naviera que mi pedido sera estudiado.

Cuando ya sabemos la fecha de la partida, comenzamos a preparar el viaje. Oleg no tiene ropas, lo desembarcaron de urgencia con la misma ropa que habia sufrido el accidente. Medimos su estatura y compramos unos jeans, camisas y un Jersey, ropa interior y algunos articulos de tocador. Le compro ademas una caja con tres botelas de vino chileno, un bolso para sus cosas, le preparo nuevos cassetes de musica, se lleva fotografias que hemos hecho en la habitacion, de mis hijos, Ketty, conmigo varias veces y otras con algunas enfermeras de su turno. Dos dias antes las enfermeras le preparan una despedida, comemos torta, le escriben tarjetas y mensajes de recuerdo.

El dia antes de la partida vienen mis hijos a la habitacion a despedirse. Las niñas sienten que se va el hermano mayor. Le regalan mas fotos.

Ese dia acude el funcionario de la naviera y me informa que el viaje sera alrededor de las dos de la tarde a Pudahuel. Yo podre ir en el auto con Oleg en el asiento de atras. Conducira el funcionario y a su lado un detective de Investigaciones que ira armado. No me informa si otros vehiculos viajaran de escolta. Esa noche yo informo a Anibal S. los detalles del viaje que me han comunicado. Casi no duermo y preparo tambien mi propia emergencia. Mi hermana se ha casado con un ejecutivo uruguayo de una compañia brasileña de seguros y vive en Santiago. El plan es que despues de Pudahuel viajare inmediatamente en bus a casa de mi hermana, evitare tomar taxis y tratare de mantenerme en sitios con mas gente que puedan servir de testigos en caso de detencion. Si me detienen  sera avisado de inmediato K. S. en la embajada de Canada a fin de obtener ayuda.

En la mañana de la partida estoy muy temprano en el Hospital. Ayudo a Oleg a preparar su equipaje, le llevo cigarrillos para el viaje. Cuando estamos en eso, aparece F. S. y un fotografo. F. fue mi compañero de Periodismo y trabajaba en El Mercurio de Valparaiso. La entrevista no estaba prevista, pero F. lleva una autorizacion. F. es uno de los pocos estudiantes de Periodismo en mi generacion que no pertenecia a ninguna organizacion politica de izquierda. No era anti, pero tampoco pro izquierdista. Ahora trabaja en El Mercurio. Yo se muy bien que cualquier entrevista que se haga sera tergiversada de alguna forma, mas aun en El Mercurio. Converso brevemente con Oleg sobre la entrevista y cuando sale publicada unos dias despues compruebo que yo tenia razon puesto que en el texto de introduccion se da a entender que el traductor controlaba las respuestas del tripulante sovietico. Cuando posteriormente encuentro a F. en la calle Esmeralda y le reprocho su interpretacion de la entrevista, solo se rie y me dice que fue un inocente truco para “darle mas color”.

Cuando F. le pregunto a Oleg por su relacion con el traductor, respondio que me esperaba cada dia por estos cuatro meses y que reconocia mis pasos cada vez en el pasillo del hospital.

La partida de Chile


Cuando llega la hora de partir a Santiago, aparece el funcionario de la naviera. Afuera espera el auto con el detective de Investigaciones. Ketty ha llegado a despedirse con mis hijas y Oleg se muestra muy afectado. Le ha tomado mucho cariño a mi esposa y a los niños, le cuesta despedirse. Estan las enfermeras y tambien el Dr R. Algunas enfermeras lloran, el ambiente es lugubre, no es un viaje cualquiera, hasta Oleg enfrenta la incertidumbre. Caminamos lentamente por el pasillo. Salimos a la calle Hospital donde espera el auto y es primera vez que Oleg ve la calle en 4 meses. Se despide de Ketty y de mis hijas por ultima vez, una enfermera ha salido valientemente a hacer señas y finalmente vuelve al interior del hospital llorando.. Es increible ahora recordar esto, pero por entonces una enfermera podia perder su trabajo por salir a hacer señas y salir a despedir a un ciudadano de la Union Sovietica.

Al fin estamos en el auto y solo entonces el chofer de la naviera me informa que tenemos autorizacion para hacer el recorrido que yo he solicitado. El auto se dirige por San Luis hacia el Plan y luego recorremos las principales calles del centro de Valparaiso. Luego enfilamos por la Avenida España a Viña del Mar. Recorremos el centro, la calle Valparaiso, la Plaza, la avenida Libertad y luego el auto se dirige a Reñaca. Nos detenemos frente a la playa, Oleg mira desde su asiento, pero esta muy nervioso. Finalmente volvemos a Viña, luego Agua Santa hacia la ruta 68 a Santiago. Conversamos y fumamos. Yo miro disimuladamente hacia atras por si nos siguen otros vehiculos pero no noto nada anormal. Cada cierto rato el conductor se comunica por radio con alguien.

Le digo a Oleg que este tranquilo y que no se preocupe por mi. Lleva la direccion de mi cuñado en Uruguay y podra escribirme a esa direccion. Si en Moscu le preguntan por mi, le digo que señale mi nombre, en las navieras sovieticas estara registrado por mis traducciones a barcos sovieticos antes del golpe del 73. Cerca de Curacavi nos detenemos en un local aislado y alli nos bajamos a comer un sandwich con una taza de te. El detective elije la mesa mas lejana y se queda de pie junto a la mesa. El chofer se queda en el auto. Ya nada me importa, hablo fuerte en ruso con Oleg para que la gente del local nos escuche. En ese momento creo que mientras mas gente nos vea sera mejor.

Llegamos a Pudahuel como a las seis de la tarde. Alli me dicen que volara por Aero Peru a Lima a las 10 de la noche. En Lima abordara Aeroflot hasta Moscu. Faltan 4 horas, saldre muy tarde del aeropuerto. Trato de ubicar antiguos colegas mios de la Aduana de años pasados y encuentro a dos o tres antiguos amigos. El detective habla con personas de policia internacional y pasamos de inmediato a la sala de transito donde esperaremos abordar a las 9 y media de la noche. Cuando ya estamos adentro y ven que hay amigos mios de la Aduana alrededor , el funcionario de la naviera me dice que ellos se retiraran y que si yo me puedo quedar. Les digo que me ire cuando Oleg aborde el avion y no antes.

Me agradecen como si yo les estuviera haciendo un favor a ellos y se van. Otros individuos de la policia internacional estan cerca y estoy seguro que hay gente de la CNI cerca y vigilando. Asi pasan las ultimas tres horas de Oleg en Chile, no paramos de conversar y le digo que nos volveremos a ver, el me promete preparar caviar negro en Astrakhan, me llevara a pescar y conocere a sus padres. Yo bromeo y le digo que si se casa no olvide de invitarme.

Como dos horas despues aparece una azafata de Aero Peru y me dice que Oleg puede abordar ahora antes que el resto de los pasajeros. Por entonces no habia mangas en Pudahuel y habia que subir la escala hasta el avion. Yo tomo el bolso de Oleg y el se apoya en mi hombro para caminar con un baston en el otro brazo. Caminamos lentamente hacia el avion. Cuando llegamos a la escalinata nos detenemos. La azafata esta a nuestro lado. Ahi nos despedimos. Yo intento abrazar a Oleg pero el me dice que una antigua supersticion marinera dice que no debemos abrazarnos, solo darnos la mano para volver a vernos. Noto que Oleg tiene lagrimas en los ojos y yo bromeo como puedo, tengo un tremendo nudo en la garganta. En ese momento comprendo cuanto quiero a este muchacho ruso; el destino lo trajo a Chile y a mi vida en años tan dificiles. Le digo que algun dia volvera a Chile y le podre llevar a mi casa y mostrar mi pais y tambien un dia pasearemos por Moscu. El asiente y luego comienza a subir la escalinata con la azafata a su lado que le sujeta un poco. Cuando llega a la plataforma se da vuelta y me hace señas. Yo devuelvo las señas y ademas le  envio un beso con la mano. Oleg entra en el avion y yo me devuelvo al recinto de transito, me despido de mis amigos aduaneros y les digo que me voy a casa de mi hermana en voz alta. Salgo del aeropuerto y espero el bus. Llego al centro y me bajo frente a la iglesia de San Francisco. Espero la liebre hasta la casa de mi hermana en la calle Lota y cuando llego camino hasta el apartamento. Creo que nadie me sigue, llego a casa y mi hermana esta esperando. Apenas entro uso el telefono y llamo a Ketty. Ya estoy en casa y Oleg viaja a Peru.

Hasta pronto, muchacho.

Aqui llevas tu vino chileno,

te llevas la sangre de Chile.

Tu nuevo pasaporte.

Recuerdanos,

un dia me mostraras tus lagos,

podremos hablar al aire libre,

conversar sin testigos

y reirnos sin temor.

Hasta pronto,

no olvides de sonreir

y sonrie otra vez

cuando leas en los diarios

que amanecio en Chile

y se abrieron las puertas

de los hospitales.

Yo sonreire cuando sepa

que caminas libremente

los senderos

de la santa madre Rusia.

Los Heridos del fin del mundo Parte 3

Despues de OlegHan pasado varios meses. La intranquilidad no termino nunca, como habia sido desde el golpe y ahora acentuada por este encuentro tan especial. Siempre temiendo detenciones, visitas inesperadas, allanamientos. En abril de 1986 recibo noticias de mi cuñado. Ha recibido una carta desde Montevideo y contiene una carta enviada por Oleg. En ella me dice que esta bien, pero sin trabajo y aun en tratamiento. Me recuerda mucho, a los niños, echa de menos el brazo de reina, recuerda a Ketty y me dice que su familia me quiere y envia sus abrazos. Esa es la ultima noticia de Oleg, intento escribir a esa direccion pero ya no hay mas respuesta. No se de Oleg por 20 años.Un dia de fines de 1985 me encuentro en calle Prat con el individuo de la naviera. Me saluda como si fuera mi amigo y me dice que pase a la naviera para señalar mis honorarios. Le pregunto de que honorarios me habla y me dice que debo cobrar por mi trabajo de traductor. Le contesto muy secamente que yo no cobrare nada, que ayude porque quise hacerlo. No le volvi a a ver jamas.La situacion de la Imprenta se hace insostenible. Las UF nos asfixian. Escribo frases ironicas al Diario La Epoca y la Revista Hoy con el seudonimo de Matias Cadena. Es un pequeño desahogo en las tinieblas. Ya el fin se ve venir, no podemos pagar las cifras astronomicas del credito Corfo y perderemos la casa de mi madre que tambien pertenece a mi hermana, que nada tiene que ver con mi imprenta.             “Los endeudados se casan con separacion de UF”. Matias Cadena, Valparaiso.                                                                                                                                             Diario La Epoca  26 Feb.1989.                                             “Los gobiernos democraticos son en cuotas fijas y sin reajustes. Las dictaduras                 son en UF.”                                                            Matias Cadena, Valparaiso.                                                                                                                                               Diario La Epoca 1 Marzo 1989                       “Los endeudados en UF, cuando tendremos nuestra Vicaria de la                   Renegociacion”?                                                   Matias Cadena, Valparaiso.                                                                                                                                                 Diario La Epoca, 8 Marzo 1989.                         “Hay un candidato que ofrece terminar con las UF en cinco minutos. Propongo                    que gobierne seis minutos.”                                  Matias Cadena, Valparaiso                                                                                                                                                   Diario La Epoca 2 Abril 1989. En 1989 decidimos emigrar a Canada, desde alla podremos pagar la deuda y salvar la casa. Trabajaremos en lo que sea, sin nuestros gastos de Chile, la imprenta podra ayudar a pagar la deuda. Fue una ilusion. Desde Canada perdimos el control del negocio, sin nuestra administracion jamas genero ninguna utilidad para pagar ni una sola cuota y si bien pude enviar una vez diez mil dolares y renegociar una vez mas, las cuotas eran mas y mas altas. Los abogados se turnaron en hacer mas profunda la crisis, todo el dinero gastado se uso en intereses, abogados y renegociaciones.Hace unos tres años un abogado me informo que mi deuda original de tres millones de pesos en 1983 se habia transformado en una deuda de mas de 120 millones de pesos, sin tomar en cuenta todo lo que he pagado en mas de 20 años.El Banco del Estado compro la cartera vencida de la Corfo y se posesiono de mi casa en Chorrillos.Rolf Luders, Sergio de Castro y compañia, culpables del descalabro economico de ese tiempo, hundieron el Banco de Chile y el Banco de Santiago y aun hasta hoy el estado chileno sigue pagando esa estafa. Resulta absurdo pensar que no usufructuaron de la sorpresiva alza del dolar de 39 pesos que salto a 100 y pronto a casi 200. Nosotros, pequeños empresarios de ese tiempo, pagamos con lo poco que teniamos el pecado de haber querido trabajar durante la dictadura pinochetista. Pinochet sigue aun libre con millones de dolares en cuentas ocultas. Nosotros, quedamos sin casa y en el extranjero, nuestros hijos ciudadanos de otro pais y el banco dueño de la casa de mi madre, la misma que allanaron en 1973 y la misma donde yo pensaba invitar a Oleg a cenar.

Desalmados,

tinterillos,

quedense con lo que tengo,

y lo que no tengo.

Dejenme los hijos,

dejenme los amigos desparramados

por los exilios.

Dejenme los amores.

Ustedes quedaran pobres,

yo quedare rico.

En el balance de la dignidad,

quedare dueño de mi libertad

y de mis zapatos.


Sin embargo estoy contento. Chile no es el mismo de Pinochet y hoy no seria posible que un herido en alta mar estuviera en Chile relegado en una pieza de hospital, sin mas visitas que un traductor aterrorizado por si mismo y su familia.

Estoy separado de Ketty desde 1991 y somos siempre buenos amigos. Nos unen nuestros cuatro hijos y la vida en comun en Chile durante la dictadura. Juntos enfrentamos esos años y aun hoy tratamos de mantener viva la amistad, el cariño y dedicacion por nuestros hijos.

Mi cuñado Ricardo Rivas logro regresar a Chile; a los 50 años de edad finalizo su carrera de Arquitecto interrumpida en 1973 por el exilio y fallecio en Viña del Mar hace dos años.

Dicen que el matrimonio es solo un papel.

Para mi fue un viaje  largo

por los caminos del amor,

del dolor y la indignidad de Chile.

Los nacimientos despues del amor

fueron fiestas acalladas

por la represion

y el toque de queda.

Juntos,

hicimos el viaje

de la desesperanza,

de las risas disimuladas,

a veces del desencuentro.

Juntos enterramos a los mayores

y vimos a nuestros hijos

crecer niños sanos,

a pesar de la insanidad.

El matrimonio, el nuestro,

fue mas que un papel.

En Moscu

Ahora estoy en Moscu, en Junio de 2006 y espero encontrarme con Viktoria, mi amiga de los años universitarios en Moscu.


Por eso no pregunto por ti.

La verdad es que te quedaste conmigo

para siempre.

Te lleve a cuanta reunion hacian.

Repeti tus palabras tantas veces,

lei tus cartas hasta que el fragil papel

se confundio con el aire.

Repeti nuestras caminatas por Leninsky,

en Valparaiso, en Rio de Janeiro y en Saigon.

Cuando estabamos sentados junto a Pushkin

aquella ultima tarde del 69,

y dibujabamos adioses en el suelo,

tambien me lleve ese escaño;

lo anduve acarreando contigo

en tantas tardes tristes, en plazas, parques,

costaneras, a orillas del lago, arriba de los

aviones.

El dia de la grabacion del programa, me conducen a Ostankino, la estacion de television de Moscu. Espero unas dos horas en el cafe con representantes del programa y cuando me llevan tras el escenario en plena grabacion veo a mi querida Viktoria en el monitor, la veo despues de 37 años y habla de mi, de nuestra amistad. Luego exhiben una pelicula que muestra aspectos de mi vida, Calle Larga, Valparaiso, la Universidad, el Golpe, detalles de mi familia. Luego leen en ruso un poema que he escrito hace tiempo para Viktoria. El publico llora y se emociona. Luego el conductor me llama y nos vemos con Viktoria por primera vez en 37 años. Alli nos abrazamos, lloramos, escucho el aplauso del publico por  esta amistad que ha sobrevivido las decadas, la dictadura chilena y la caida de la URSS.

Cuando creo que el programa ha terminado, el conductor se dirije a mi y me pregunta: “Marcos, tu recuerdas al marino sovietico que tu salvaste en 1985 en Chile, en plena dictadura militar?”

Me sorprendo con el cambio del tema y tardo unos segundos en contestar:  “Si, por supuesto que lo recuerdo”.

Recuerdas su nombre?  me dice el conductor.   Si, si, lo recuerdo, se llamaba Oleg, Oleg Nikolaevich Korzhenko”, respondo.

“Si, exactamente, y aqui esta Oleg hoy, ha venido a abrazarte.”

Miro hacia donde indica el conductor y veo a Oleg entre el publico. Me pongo a llorar ahi y Oleg baja y nos abrazamos largamente, me toma la cabeza, me besa y me llama “Papasha”, papito en ruso. Viktoria se une y tambien nos abraza. Termina el programa y salimos rodeados del publico, nos saludan y abrazan.

Otras reuniones y muestras de gratitud me esperaban en Moscu estos dias; pero nada comparado con la felicidad de ver otra vez a estas personas tan queridas.

He pasado los siguientes dias con Oleg  y Viktoria en Moscu. Han sido dias de emocion, recuerdo; conversaciones acerca de como fue nuestra vida en la ausencia.

Debo decir que nadie esperaba a Oleg cuando llego a Moscu en l985. Tras duras horas logro obtener un pasaje para viajar a Kaliningrado donde su compania tenia la sede. No obtuvo ninguna ayuda inmediata para su recuperacion y en su lugar fue enjuiciado por los gastos de comida y cigarrillos en el Hospital Aleman. Oleg se defendio a si mismo, no tenia dinero para abogados que le pedian cifras muy elevadas. Respecto a los gastos en el hospital siempre decia que los cigarrillos se los compraba yo y su comida era responsabilidad del estado sovietico y de la compañia pesquera para la cual trabajaba.

 El padre de Oleg sufrio varios infartos en esos dias, agravada su salud por la larga e incierta espera de su hijo desde Chile, la situacion que enfrento tras su retorno a la URSS y fallecio poco despues. Tras dos años de juicios los cargos fueron retirados y Oleg pudo volver a su vida normal. Sin embargo su carrera en el mar se interrumpio para siempre, sus conocimientos no fueron ya reconocidos.

Oleg se caso con Elena, la enfermera que le atendio por primera vez en Kaliningrado y le llevo a su casa, cuando no tenia donde llegar. Hoy son muy felices y tienen  a sus hijas Maria y Valentina, mis nietas rusas que me saludaron por telefono. Elena lloro mucho cuando hablo conmigo, estaba muy emocionada y la madre de Oleg me envio sus cariños y dijo que rezaba por mi todos los dias los ultimos 20 años.

Oleg me conto que guarda aun el pantalon y el jersey que le compre para viajar y el vino chileno demoro varios años en tomarlo y cuando lo hizo era ya un jerez fuerte. Tenia las fotos de mis hijos y de Ketty, las mostro en el programa y se interesaba por cada uno de ellos.

Caminabamos un dia despues con Oleg y Vika por la Plaza Roja de Moscu; yo pensaba en este homenaje que me hacian en Rusia y recordaba esos lejanos y dolorosos años de la dictadura pinochetista en Chile. Unos momentos despues nos sentamos cerca en un local al aire libre y nos tomamos una cerveza. Fue una bella tarde moscovita, como aquellas tardes de 1966 cuando conoci a Vika. Incline mi cabeza sobre el hombro de mi amiga y no pude evitar llorar de emocion y recuerdos. Viktoria me abrazo y tambien Oleg. Con ellos junto a mi comprendi que la pesadilla chilena habia terminado hace tiempo para nosotros y estaria feliz de retornar a Toronto y abrazar a mis hijos y quizas un dia cercano a Eva Maria que vive en Santiago. Hace tantos años que no veo Chile.

Unos dias despues nos despedimos otra vez con Oleg y Viktoria. Pude ahora abrazar a mi hijo ruso; ya no es marino, perdio su carrera tras la aventura chilena, pero tambien esta contento, tiene su propia empresa de instalaciones electricas y pronto sera abuelo. Yo estoy feliz de tener  a Oleg y a mis nietas. Cuando le hable de visitar Chile, me dijo que aun no esta preparado, fueron muchos sufrimientos y perdidas tras la estadia en Chile, quizas mas adelante, me dijo, “por ahora ven a verme, querido papasha, a Astrakhan, y yo te visitare en Toronto”.

 Mi pobre Oleg, cuantas cosas perdimos todos tras esos años; sin embargo con que alegria paseamos  por Moscu; se cumplio la promesa de que seria yo el que le mostrara Moscu a Oleg, tal como bromeabamos sobre el futuro en la lugubre sala del Hospital Aleman veintiun años antes. Al abrazarnos en esta nueva y diferente despedida lo hicimos con un cariño y alegria tan grandes, de personas que se quieren entrañablemente y comparten momentos unicos en la existencia, horribles en su momento, pero que no derrotaron la fe en la vida y en la gente.

 Al dia siguiente en la Estacion de Kursk despedi a Vika y tambien fue una despedida diferente. Ahora no escribimos mensajes para las decadas. Tras estar juntos otra vez en nuestros lugares, en la Plaza Roja, en el Metro, en la Galeria Tretiakov, en Labrushinsky Pereulok, junto a Pushkin o al lado de  Chejov, pudimos reconocernos, pudimos comprobar que tras 37 años de ausencia seguimos siendo los mismos amigos, mas viejos, mas arrugados, ambos con hijos que nos aman y familias que han sido nuestra propia vida; sin embargo, la amistad y el cariño que nacio en un asiento del Metro hace 40 años no pudo desaparecer tras estas decadas. Ambos tuvimos razon hace 37 años: ni el tiempo, ni la vida, ni las fronteras cerradas serian capaces de hacernos olvidar nuestra amistad, nuestro cariño y nuestra confianza en el futuro. Asi que esa noche en la estacion de Kursk, cuando Vika partia a las orillas del Mar Negro donde vive, ya no hubo lagrimas como las dos veces pasadas. Ya no hay barreras infranqueables en la frontera de Rusia; Chile tampoco vive aislado del mundo. Asi que reimos en la despedida; prometimos llamarnos y visitarnos.

Cuando el tren se alejo lentamente y camine por la noche moscovita yo no iba triste. La noche estaba fresca y clara; camine unas cuadras antes de tomar el metro hasta el hotel.

Necesitaba caminar y respirar despues de esos momentos tan bellos. Fue mi caminata de despedida de Moscu esta vez; una profunda y sincera alegria sentia al cabo de estos dias. Los años de temor estaban atras, el miedo, la desconfianza, la amargura de las perdidas y la soledad de nuestra noche de 17 años ya habia pasado hace tiempo; habia reencontrado a las personas que recordada tanto; mis hijos viven un mundo mejor, los hijos de Viktoria y las hijas de Oleg viviran un mundo mejor.


  Chile es mas feliz.  Rusia sera mas feliz. El futuro siempre es mejor.




                                                             Marcos Octavio Medalla

                                                                Toronto  Julio   2006

Este texto no puede ser reproducido, ni parcial ni completamente, ni publicado en forma impresa o virtual, sin la autorizacion expresa del autor.




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