Pasillo de hospital.
Camino sin dar mis pasos,
me observan pero no veo.
El miedo se mueve lentamente
en este hospital del Cerro Triste.
Un hombre herido espera
decir sus pocas palabras
de cada dia en silencio.
Oleg en el Hospital
Poco a poco Oleg fue recuperando la confianza. Pero a menudo se sentia deprimido. Los dolores eran intensos, su soledad de los amigos y colegas y el aislamiento contribuian a su amargura. Yo llegaba cada dia y le llevaba sus cigarrillos, le informaba los mensajes que el medico me habia dejado y luego trataba de animarlo. Muchas veces me recibia enojado, molesto, a veces estaba irascible, otras veces muy triste y ausente. Yo usaba mil tretas para subirle el animo. Unas veces le decia que el era un marino sovietico, un profesional de la URSS, no un cobarde. “Que diran tus camaradas a bordo si pierdes la pierna y te deprimes sin luchar?” Otras veces recurria a su familia, le recordaba a su madre y su padre en Astrakhan; “Te imaginas como querran tus padres que llegues sano de vuelta? Animo, sovietico, animo, ya tendremos tiempo de bailar otra vez. Tu crees que a mi me gusta venir a ver la cara de esos milicos alla afuera?”
Oleg, hijo, privet.
Donde estas? Donde esta Chile?
Aqui te espero, en nuestra Rusia,
aqui en Astrakhan
te espera tu madre.
Sonrie hijo, soy tu padre
que te saluda y espera.
Fuerza. Caminaras otra vez
con tus dos piernas
el largo futuro de Rusia.
En otras ocasiones Oleg estaba alegre, conversabamos por horas y yo no me preocupaba de los soldados ni los informantes. Un dia hubo una novedad, lleve a mis hijas mayores a verlo, por entonces Eva y Nadia tenian 9 y 8 años de edad. Oleg se sintio mucho mejor viendo las niñas, luego conocio a Rocio de 3 años y cuando nacio Marcos Ivan lo llevamos con Ketty, lo tuvo en brazos, le llamo “Vania” y despues preguntaba por los niños todos los dias. En la primera visita de mis hijas, cuando entramos Oleg miraba ‘Tardes de Cine” en el televisor y mostraban la pelicula “Los Viajes de Gulliver”. Las niñas se incorporaron a mirar tambien la pelicula con Oleg y cuando el gigante Gulliver estaba amarrado por las gentes pequeñas y hacia esfuerzos por liberarse, Oleg comenzo a hacer gestos y muecas a las niñas, parecido a Gulliver, para mostarles que estaba ahi amarrado por sus heridas en la cama de hospital y tambien queria estar libre. Un par de decadas despues mis hijas recordaban la escena y los detalles de esa primera visita, cuando vieron por primera vez un ruso y escucharon por primera vez su idioma.

Mis hijas sonrien con risa de niñas.
No es un jardin de juegos.
Es una sala oscura
y huele a medicamentos.
Una enfermera vigila
atentamente.
Un joven mira y sonrie,
habla un idioma desconocido.
Y mis hijas sonrien a Gulliver,
ajenas al secreto, al temor
y la pesadilla.
Pero el tratamiento no avanzaba. Nuevas operaciones, nuevos peligros de infeccion. En ocasiones Oleg desconfiaba del tratamiento. Pensaba que el hospital alargaba el tratamiento para cobrar mas a la Union Sovietica. A veces yo opinaba lo mismo. Pero no habia segundas opiniones. Todo estaba en manos del Hospital y de la empresa naviera que tuvo a su cargo los asuntos de Oleg. Cada ciertos dias aparecia un individuo de la naviera con facturas y papeles, informes para ser llenados por el medico. Oleg miraba todo eso con mucha antipatia, esperaba mensajes de su naviera en Kaliningrado que no llegaron jamas o bien la naviera chilena a cargo no entrego jamas un mensaje a Oleg, ni una carta, nada. Durante los 4 meses Oleg no tuvo contacto alguno con la URSS.
La recepcionista del Hospital se llamaba Veronica. Yo la conocia, su madre era militante comunista. Con Veronica jamas tuvimos alguna conversacion personal en el Hospital y cuando yo llegaba nos saludabamos como extraños. Pero cuando Oleg estaba con algun problema, se sentia deprimido o necesitaba algo, Veronica me llamaba por telefono y me decia: “Marcos, la guagua esta inquieta. El niño necesita atencion”. Mensajes por el estilo y yo me iba de inmediato a Valparaiso. Un dia domingo en la noche Veronica me llama y me dice: “La guagua no puede dormir, seria conveniente que usted viniera”. Llego al Hospital como a las 11 de la noche. Oleg esta muy inquieto y malhumorado. Apenas me ve supone que me han llamado y me dice que no me moleste. Le digo, “que te pasa? “Me quiero tirar por la ventana,” me dice. “Bueno le digo, si te tiras por la ventana la URSS debera pagar aun mas por ti y tu familia tendra aun mas problemas.” Ahi me quedo unas horas, trato de animarle, fumamos, tomamos cafe, compartimos la sopa y poco a poco se va tranquilizando. Asi varias veces.
Un dia recibo una llamada alarmante: “Venga de inmediato al hospital.” Cuando llego encuentro a Oleg rodeado de enfermeras y un medico de turno. Le miran con temor y angustia. Pregunto que ha pasado y la enfermera jefe me dice que han sorprendido por la tarde a Oleg intentando salir por la ventana y caminar por el techo del pabellon inferior. Piensan que queria suicidarse. Miro a Oleg y le pregunto que queria hacer en el techo de la planta baja. Me dice que solo queria tomar un rato de sol encima de las calaminas. Les explico a las enfermeras y el medico de turno que no pueden atajar a un ruso, ni en pleno invierno de Siberia, a que tome unos rayos de sol si los tiene cerca. A raiz de esa situacion ese dia, la administracion busca una terraza interior asoleada y alli llevan a Oleg por un rato cada dia, estrictamente vigilado. Despues Oleg y yo nos reimos harto de eso. El rie a carcajadas cuando le digo que yo jamas pense que se iba a suicidar sino que crei que queria meterse en la pieza de las enfermeras.
Otras veces llego a la habitacion y lo encuentro preocupado de los programas de television, como si entendiera el idioma. A Oleg le gusta Sabados Gigantes y ha aprendido a decir “Chao pescao”. Nos reimos mucho con eso y un dia le llevo cassetes de canciones de Vladimir Vissotsky. El director del Instituto Chileno Frances, que ha sabido por un periodista amigo y que fue compañero mio en la Universidad que yo hablo ruso, me ha contactado y yo le hago clases de ruso elemental en su casa . Este frances me presta dos discos para mi desconocidos. Uno de Boulat Okudzhava y el otro de Vladimir Vissostky.
Hago dos cassetes con estos discos y se los levo a Oleg. Nunca lo vi tan contento en el hospital como ese dia escuchando las canciones prohibidas de Vladimir Vissotsky.
A veces yo estoy muy ocupado. La imprenta enfrenta problemas, las UF suben y suben. Un dia no tengo tiempo de ir y telefoneo a Veronica. Me dice que esta todo bien. Al dia siguiente llego a ver a Oleg y este no me habla, esta enojado porque no fui el dia anterior.
Yo me rio y le hago bromas pero luego entiendo que solo habla conmigo, soy su padre, madre, amigo, confidente. Le prometo que vendre todos los dias y luego terminamos amigos.
Un dia Ketty le lleva un brazo de reina. Le gusto mucho y Ketty tuvo que hacer mas seguido. Cuando pasaban varios dias que yo no llevaba los niños, Oleg se preocupaba y creia que estaban enfermos. Mis hijos fueron su familia y se preocupaba de ellos. Las niñas jugaban o hacian tareas en la habitacion mientras Oleg observaba. Muchos años despues mis hijas ya grandes recordaban esas tardes en el Hospital Aleman con Oleg y se preguntaban donde estaria , que haria, si tendria hijos y familia.
Como a los tres meses ya se puede decir que la pierna de Oleg esta salvada. Solo hay que realizar unas pequeñas operaciones y esperar que todo salga bien. Ya podemos hablar del retorno a la Union Sovietica. Oleg comienza a dar sus primeros pasos por la habitacion con ayuda de bastones. Por entonces conversamos largamente, nos olvidamos completamente de los soldados y soplones. Ya no hay guardia frente a la habitacion pero suponemos que nuestras conversaciones estan siendo registradas. Pero ya es tarde, mi relacion con Oleg es de familia, no puedo imaginar un dia sin verle y conversar con el. Cada dia en mi casa se discute su estado, la fecha de la partida y los preparativos para enfrentar las consecuencias de mi participacion en esta historia.
Hace unos dos años he conocido al consul de Canada en Chile. Mi cuñado Ricardo Rivas vive exiliado en Toronto y ha conocido al nuevo consul canadiense designado en Santiago y le da mi direccion. K. S. visita mi casa en 1983 y nos hacemos amigos. K. me regala una copia de la pelicula Missing y ver esa pelicula en esos años nos produce una terrible impresion. Hemos vivido la dictadura en Chile y no hemos experimentado testimonios que eran accesibles en el extranjero. En Chile debemos conformarnos con leer noticias entre lineas. Otras veces K. nos invita a su casa en Santiago donde conocemos a otra gente chilena que ayudan a personas en situacion dificil con el gobierno de Pinochet. Un dia le cuento a K. mi participacion y relacion directa con Oleg. El consul de Canada no me dice nada, pero en su siguiente visita me pide que le avise cuando Oleg abandone Chile. Esta dispuesto a ayudarme si es necesario que abandone el pais. Le agradezco y le digo que he soportado todos estos años en Chile y tratare de seguir haciendolo.
El doctor N. I. es mi amigo. Lo conoci un dia en un bus a Chorrillos y resulto que eramos vecinos. N. es democrata cristiano de izquierda, nos hacemos muy amigos y tambien nuestras familias e hijos. N. compra una casa en el barrio O’higgins, le visitamos continuamente. Cuando nace mi hijo Marcos Ivan, N. y su esposa son los padrinos. De manera que N. tambien sabe la historia de Oleg y conversamos largamente de los riesgos que enfrento por esos dias. Ademas compartimos la misma tragedia de las UF. Cada dia es mas dificil enfrentar esta pesadilla. Las mensualidades que mi amigo debe pagar por su casa se hacen mas y mas altas, debe renegociar la deuda y finalmente pierde su casa. Ese hecho tan doloroso para una persona que trabaja duramente en Chile, que lucha con sus armas de medico por el retorno de la democracia, nos estremece. Es el adelanto de lo que nos ocurrira a nosotros mismos.
Como Oleg se siente mejor, camina mas confiadamente y se acerca el momento de la partida, solicito autorizacion para llevar a Oleg a mi casa en Chorrillos, para que pueda estar un par de horas en una casa con familia, ha pasado mas de 3 meses en la habitacion del hospital. La direccion del hospital hace las consultas ante las “autoridades competentes” y la solicitud es denegada. El tripulante sovietico, esa es la expresion usada, no puede abandonar el hospital por razones de seguridad. Entonces solicito que cuando sea llevado a Santiago al aeropuerto de Pudahuel, el vehiculo haga un recorrido por la ciudad de Valparaiso y Viña del Mar a fin de que Oleg pueda ver aspectos de nuestro pais.
Me responden a traves del funcionario de la naviera que mi pedido sera estudiado.
Cuando ya sabemos la fecha de la partida, comenzamos a preparar el viaje. Oleg no tiene ropas, lo desembarcaron de urgencia con la misma ropa que habia sufrido el accidente. Medimos su estatura y compramos unos jeans, camisas y un Jersey, ropa interior y algunos articulos de tocador. Le compro ademas una caja con tres botelas de vino chileno, un bolso para sus cosas, le preparo nuevos cassetes de musica, se lleva fotografias que hemos hecho en la habitacion, de mis hijos, Ketty, conmigo varias veces y otras con algunas enfermeras de su turno. Dos dias antes las enfermeras le preparan una despedida, comemos torta, le escriben tarjetas y mensajes de recuerdo.
El dia antes de la partida vienen mis hijos a la habitacion a despedirse. Las niñas sienten que se va el hermano mayor. Le regalan mas fotos.
Ese dia acude el funcionario de la naviera y me informa que el viaje sera alrededor de las dos de la tarde a Pudahuel. Yo podre ir en el auto con Oleg en el asiento de atras. Conducira el funcionario y a su lado un detective de Investigaciones que ira armado. No me informa si otros vehiculos viajaran de escolta. Esa noche yo informo a Anibal S. los detalles del viaje que me han comunicado. Casi no duermo y preparo tambien mi propia emergencia. Mi hermana se ha casado con un ejecutivo uruguayo de una compañia brasileña de seguros y vive en Santiago. El plan es que despues de Pudahuel viajare inmediatamente en bus a casa de mi hermana, evitare tomar taxis y tratare de mantenerme en sitios con mas gente que puedan servir de testigos en caso de detencion. Si me detienen sera avisado de inmediato K. S. en la embajada de Canada a fin de obtener ayuda.
En la mañana de la partida estoy muy temprano en el Hospital. Ayudo a Oleg a preparar su equipaje, le llevo cigarrillos para el viaje. Cuando estamos en eso, aparece F. S. y un fotografo. F. fue mi compañero de Periodismo y trabajaba en El Mercurio de Valparaiso. La entrevista no estaba prevista, pero F. lleva una autorizacion. F. es uno de los pocos estudiantes de Periodismo en mi generacion que no pertenecia a ninguna organizacion politica de izquierda. No era anti, pero tampoco pro izquierdista. Ahora trabaja en El Mercurio. Yo se muy bien que cualquier entrevista que se haga sera tergiversada de alguna forma, mas aun en El Mercurio. Converso brevemente con Oleg sobre la entrevista y cuando sale publicada unos dias despues compruebo que yo tenia razon puesto que en el texto de introduccion se da a entender que el traductor controlaba las respuestas del tripulante sovietico. Cuando posteriormente encuentro a F. en la calle Esmeralda y le reprocho su interpretacion de la entrevista, solo se rie y me dice que fue un inocente truco para “darle mas color”.
Cuando F. le pregunto a Oleg por su relacion con el traductor, respondio que me esperaba cada dia por estos cuatro meses y que reconocia mis pasos cada vez en el pasillo del hospital.
La partida de Chile
Cuando llega la hora de partir a Santiago, aparece el funcionario de la naviera. Afuera espera el auto con el detective de Investigaciones. Ketty ha llegado a despedirse con mis hijas y Oleg se muestra muy afectado. Le ha tomado mucho cariño a mi esposa y a los niños, le cuesta despedirse. Estan las enfermeras y tambien el Dr R. Algunas enfermeras lloran, el ambiente es lugubre, no es un viaje cualquiera, hasta Oleg enfrenta la incertidumbre. Caminamos lentamente por el pasillo. Salimos a la calle Hospital donde espera el auto y es primera vez que Oleg ve la calle en 4 meses. Se despide de Ketty y de mis hijas por ultima vez, una enfermera ha salido valientemente a hacer señas y finalmente vuelve al interior del hospital llorando.. Es increible ahora recordar esto, pero por entonces una enfermera podia perder su trabajo por salir a hacer señas y salir a despedir a un ciudadano de la Union Sovietica.
Al fin estamos en el auto y solo entonces el chofer de la naviera me informa que tenemos autorizacion para hacer el recorrido que yo he solicitado. El auto se dirige por San Luis hacia el Plan y luego recorremos las principales calles del centro de Valparaiso. Luego enfilamos por la Avenida España a Viña del Mar. Recorremos el centro, la calle Valparaiso, la Plaza, la avenida Libertad y luego el auto se dirige a Reñaca. Nos detenemos frente a la playa, Oleg mira desde su asiento, pero esta muy nervioso. Finalmente volvemos a Viña, luego Agua Santa hacia la ruta 68 a Santiago. Conversamos y fumamos. Yo miro disimuladamente hacia atras por si nos siguen otros vehiculos pero no noto nada anormal. Cada cierto rato el conductor se comunica por radio con alguien.
Le digo a Oleg que este tranquilo y que no se preocupe por mi. Lleva la direccion de mi cuñado en Uruguay y podra escribirme a esa direccion. Si en Moscu le preguntan por mi, le digo que señale mi nombre, en las navieras sovieticas estara registrado por mis traducciones a barcos sovieticos antes del golpe del 73. Cerca de Curacavi nos detenemos en un local aislado y alli nos bajamos a comer un sandwich con una taza de te. El detective elije la mesa mas lejana y se queda de pie junto a la mesa. El chofer se queda en el auto. Ya nada me importa, hablo fuerte en ruso con Oleg para que la gente del local nos escuche. En ese momento creo que mientras mas gente nos vea sera mejor.
Llegamos a Pudahuel como a las seis de la tarde. Alli me dicen que volara por Aero Peru a Lima a las 10 de la noche. En Lima abordara Aeroflot hasta Moscu. Faltan 4 horas, saldre muy tarde del aeropuerto. Trato de ubicar antiguos colegas mios de la Aduana de años pasados y encuentro a dos o tres antiguos amigos. El detective habla con personas de policia internacional y pasamos de inmediato a la sala de transito donde esperaremos abordar a las 9 y media de la noche. Cuando ya estamos adentro y ven que hay amigos mios de la Aduana alrededor , el funcionario de la naviera me dice que ellos se retiraran y que si yo me puedo quedar. Les digo que me ire cuando Oleg aborde el avion y no antes.
Me agradecen como si yo les estuviera haciendo un favor a ellos y se van. Otros individuos de la policia internacional estan cerca y estoy seguro que hay gente de la CNI cerca y vigilando. Asi pasan las ultimas tres horas de Oleg en Chile, no paramos de conversar y le digo que nos volveremos a ver, el me promete preparar caviar negro en Astrakhan, me llevara a pescar y conocere a sus padres. Yo bromeo y le digo que si se casa no olvide de invitarme.
Como dos horas despues aparece una azafata de Aero Peru y me dice que Oleg puede abordar ahora antes que el resto de los pasajeros. Por entonces no habia mangas en Pudahuel y habia que subir la escala hasta el avion. Yo tomo el bolso de Oleg y el se apoya en mi hombro para caminar con un baston en el otro brazo. Caminamos lentamente hacia el avion. Cuando llegamos a la escalinata nos detenemos. La azafata esta a nuestro lado. Ahi nos despedimos. Yo intento abrazar a Oleg pero el me dice que una antigua supersticion marinera dice que no debemos abrazarnos, solo darnos la mano para volver a vernos. Noto que Oleg tiene lagrimas en los ojos y yo bromeo como puedo, tengo un tremendo nudo en la garganta. En ese momento comprendo cuanto quiero a este muchacho ruso; el destino lo trajo a Chile y a mi vida en años tan dificiles. Le digo que algun dia volvera a Chile y le podre llevar a mi casa y mostrar mi pais y tambien un dia pasearemos por Moscu. El asiente y luego comienza a subir la escalinata con la azafata a su lado que le sujeta un poco. Cuando llega a la plataforma se da vuelta y me hace señas. Yo devuelvo las señas y ademas le envio un beso con la mano. Oleg entra en el avion y yo me devuelvo al recinto de transito, me despido de mis amigos aduaneros y les digo que me voy a casa de mi hermana en voz alta. Salgo del aeropuerto y espero el bus. Llego al centro y me bajo frente a la iglesia de San Francisco. Espero la liebre hasta la casa de mi hermana en la calle Lota y cuando llego camino hasta el apartamento. Creo que nadie me sigue, llego a casa y mi hermana esta esperando. Apenas entro uso el telefono y llamo a Ketty. Ya estoy en casa y Oleg viaja a Peru.
Hasta pronto, muchacho.
Aqui llevas tu vino chileno,
te llevas la sangre de Chile.
Tu nuevo pasaporte.
Recuerdanos,
un dia me mostraras tus lagos,
podremos hablar al aire libre,
conversar sin testigos
y reirnos sin temor.
Hasta pronto,
no olvides de sonreir
y sonrie otra vez
cuando leas en los diarios
que amanecio en Chile
y se abrieron las puertas
de los hospitales.
Yo sonreire cuando sepa
que caminas libremente
los senderos
de la santa madre Rusia.