Monday, 25 September 2023
Pablo Neruda, y punto.
Wednesday, 9 August 2023
La dictadura de las redes.
Saturday, 22 July 2023
Boric asume la responsabilidad.
Es un largo camino.
Destruir el mito que la izquierda de los países es sinónimo de apoyo a las largas dictaduras de izquierda.
Ese apoyo a las dictaduras de un lado y condenar las del otro lado ha sido la principal causa de la caida de los gobiernos de izquierda.
Boric acomete una tarea muy dificil, un camino muy largo.
Es sólo el comienzo y los viejos no veremos resultados.
Pero por algo se comienza. No podemos disponernos a conmemorar el golpe militar chileno, con todas las violaciones a los derechos humanos que se cometieron en la dictadura a que dió lugar ese golpe y a la vez seguir apoyando dictaduras de décadas que violan los derechos y que ostentan una etiqueta llamada de izquierda.
Para los pueblos, todas las dictaduras son nefastas.
Si logramos, (repito, no nosotros, sino la nueva generación) construir una nueva idea de izquierda sin violación de derechos, sin reelecciones eternas, sin presidencias hereditarias, con respeto a las disidencias y manteniendo los ideales del bien comun, entonces se estará sembrando el germen de la verdadera nueva izquierda.
Boric está haciendo eso y por ello lo llaman inexperto, ansioso, mascota del imperialismo, traidor y mil epítetos mas.
Pero Boric está haciendo lo que se esperaba de los nuevos líderes de la izquierda hace mucho tiempo.
Fué un desperdicio que en nuestra parte del continente, tras la caida de la Unión Sovietica, la mayoria de los lideres de los antiguos partidos siguieron enarbolando consignas y prácticas que llevaron a esos pueblos a la tragedia.
Thursday, 27 April 2023
Dos Funerales.
Voy a dejar por unas horas el tema de la corrupción política y les contaré una triste historia del tiempo de la dictadura.
Yo era funcionario de aduanas y trabajaba en la superintendencia en Valparaiso. Habia sido detenido, me habían llevado a declarar ante el fiscal naval y sin siquiera darme cuenta de mi propio peligro, habia seguido yendo a trabajar, tratando de seguir una vida normal en un mundo anormal. Era jefe de la bodega de abastecimientos y tenía un ayudante, Jacobo Neira, que curiosamente había pertenecido al mismo partido proscrito que yo y por lo tanto nos comportábamos con mucho cuidado.
Un dia llegamos a trabajar y alguien nos avisó que habia fallecido doña Florencia Mura Cuadra. Esta señora era conocida en la política regional. Había sido alcaldesa de Quilpué o Limache, no recuerdo bien. Muy derechista la dama y por supuesto muy pinochetista. Pero, era la madre de Florencia Allegro Mura, nuestra colega del departamento de finanzas. Como se usaba, tendríamos que asistir al funeral de la madre de Florencia, con permiso de la jefatura. Varios colegas tenían auto y a la hora del funeral nos ubicamos en diversos vehiculos. Mi ayudante Jacobo y yo nos metimos en el auto de uno de los contadores. Salvo la simpatía que le teniamos a Florencia hija, y el capeo de pega, poca gracia nos hacía ir al funeral de la mencionada momiacha. Pero partimos en caravana al cementerio de Playa Ancha. Al llegar, nos ubicamos un poco alejados de la familia de la fallecida; su hija estaba muy descompuesta, lloraba a los gritos y algunas personas la ayudaban. Lentamente el féretro fue subiendo la avenida central y llegó a un grande y pomposo mausoleo familiar.
Los llantos se sucedían y por los movimientos de ciertos personajes nos dimos cuenta que pronunciarían largos discursos. En ese momento nos percatamos que otro cortejo fúnebre comenzó a pasar hacia la parte alta del camposanto. Me pareció ver una persona de cara conocida pero no le dí importancia. Luego pasó otro pequeño grupo y otra vez reconocí dos rostros. No podía ser coincidencia. Poco a poco me fuí acercando a mi colega Jacobo y le pregunto en voz baja: " Colega, está usted viendo lo mismo que yo en el otro cortejo?"
Jacobo me mira con cara de preocupación y complicidad y me dice, en voz aún más baja: "Colega, creo que ese funeral es de los nuestros".
"Y qué hacemos?," me pregunta.
"Vamos no mas, le digo, aqui nadie se dará cuenta".
Partimos cerro arriba, a tranco largo para alcanzar el cortejo. Cuando estamos junto al grupo, veo rostros conocidos que nos miran y saludan con venia silenciosa y preocupada. Veo que Jacobo se acerca a alguien y cambian palabras muy silenciosamente. Vuelve junto a mí y me dice casi en susurro:
"Es el funeral del camarada Sergio Vargas."
Claro que conocía al fallecido, habia sido miembro del comité regional.
Seguimos silenciosamente hasta llegar a la tumba preparada, un hoyo abierto en la tierra. Hubo momentos de silencio, se miraban unos a otros sin decir una palabra. Alguien abrazó a la viuda y luego comenzaron a saludarse unos a otros con apretones de mano, siempre en silencio. De repente veo que dos hombres jóvenes como nosotros se acercan a Jacobo y a mí y mirándonos con emoción contenida, nos dan la mano y nos dicen: "Gracias por venir, camaradas".
La última palabra casi en un susurro.
Al cabo de unos momentos, tras las paletadas que cubrieron el rústico ataúd de Sergio Vargas, comenzamos todos a bajar el cerro, siempre en silencio. No hubo discursos, nadie dijo nada.
Al llegar junto al mausoleo de doña Florencia Mura, seguían los discursos y nadie nos vió pasar. Con el grupo llegamos a la puerta del cementerio y nos despedimos de varios conocidos. Como antes, nadie decía nada. En esos dias un funeral podía ser un acto de mucho riesgo, de mucho peligro. Había funerales de una gente y funerales de otra gente. El dolor de unos no se podía expresar como el dolor de otros. En un funeral se escuchaban llantos y discursos. En otros, solo silencio y temor.
Esperamos unos minutos hasta que llegaron los colegas y dolientes del otro funeral y no habían notado nuestra ausencia. Le dimos un abrazo a Florencia, la colega y rápidamente nos metimos en el auto del contador.
Miré a Jacobo y vi que sonreía muy levemente. Yo también sonreía. Sin querer, así por casualidad, habiamos cumplido un gran deber.
Jacobo y yo fuimos exonerados del servicio un tiempo después, junto a varios cientos de funcionarios de carrera.
Autor: Marcos O. Medalla.
Tuesday, 18 April 2023
Un diario, un diario!
A propósito de las palabras escritas, les voy a contar esta historia que me ocurrió hace muchos años. Tantos años, que me parece una fantasía, un sueño de otro siglo. Pero fué tal cual.
Mis padres tenían amigos y familiares en La Serena. Mi madre habia estudiado en la Normal de la Serena y mi padre habia nacido en esa bella ciudad. Un par de veces viajamos en las vacaciones de verano. Desde Los Andes había que tomar el tren hasta Llay Llay y otro hasta La Calera. Desde allí partía el tren a Coquimbo. El viaje duraba un dia y medio, tenia retrasos de horas, a veces caían rocas a la vía y habia que esperar. El tren era a carbón y cada vez que se acercaba a un túnel habia que cerrar todas las ventanas para no ahogarse con el humo. El paisaje era de montañas, precipicios, quebradas, pequeños pueblos donde se veía gente haciendo señas al tren, niños que corrian un rato junto a los vagones. A veces el tren se detenía en un pueblo y subían mujeres portando ollas tibias para vender sopas de ave. De una de esas noches del tren de trocha angosta, yo recuerdo la más deliciosa sopa de gallina de mi vida, con un vaho de orégano. Pero no era eso lo que les quería contar.
Una mañana, despues de una larga noche de viaje lento y muchas detenciones, el tren disminuyó la velocidad. No se veía poblado alguno, sólo cerros secos, con la sequedad propia de nuestra cordillera de la costa. Luego supimos la razón de la lenta marcha del tren. Hacían trabajos en la vía y los trabajadores se habían retirado hacia los costados para que pasara el tren lentamente. Pero esos trabajadores no se habían quedado quietos sino que la mayoría hacían señas al tren y gritaban unas palabras. Entre el ruido de los carros , los pasajeros trataban de escuchar los gritos de los trabajadores de la vía. Al fin escuchamos claramente el grito de " diarios, el diario, por favor un diario!!!!".
Ellos pedian un diario para leer noticias. Algunos pasajeros reaccionaban y arrojaban por la ventana los diarios que llevaban. Las hojas volaban con la suave brisa del propio tren y los trabajadores corrían a capturar las páginas y apenas las atrapaban, se sentaban a leer, ávidos de saber, de recibir noticias de su pais lejano, quizás los resultados del fútbol, de la política, de lo que fuera. Esa escena de trabajadores corriendo para atrapar las páginas de un diario no la he olvidado jamás.
Recuerdo el comentario de mi madre cuando el tren dejó atrás ese grupo de hombres leyendo. " De seguro nuestro país será un país de mucho progreso, si su gente tiene tantas ganas de leer."
Eso ocurrió en un verano de 1953 o 54. Mucho tiempo ha pasado desde entonces. Mi madre no se imaginaba que vendrían otras generaciones que no leerían mucho porque un dictador cerraria las escuelas normales para formar profesores, disminuiría la importancia de la instrucción pública y Chile llegaría a ser un país donde de acuerdo a ciertos estudios, la mayoría no entendería lo que lee.
Aprovecho de rendir un homenaje a esos hombres que corrían para cazar las hojas de los diarios, como persiguiendo mariposas que los podrían sacar de su miseria. No pedían dinero, ni trago, ni drogas. Pedían hojas para leer.
Autor: Marcos O. Medalla.
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