Friday, 21 December 2012

Historia de un robo y mi primer amor.

Esta historia se trata de un robo, pero no es historia policial. Es mas bien la historia de mi primer amor; y tampoco es del amor por una mujer sino por una ciudad. Ese amor me ha durado toda la vida y seguramente me durara hasta que muera.
Era como el ano 1953 o 54. Yo tenia como 7 anos.  Vivia en Calle Larga, una comuna agraria de Los Andes, cerca de la cordillera grande y de la cordillera chica. Mi ninez se desarrollaba tranquilamente entre esas dos cordilleras, en una casa en medio de un huerto de duraznos, naranjos, olivos, parrones, acequias de aguas rapidas y al cantar de los zorzales, las tencas y los picaflores.
Entonces mi madre me llevo de viaje, invitada a la casa de sus amigos los Poblete, gente de ciudad, con casa tipo chalet de dos pisos, en una avenida con palmeras y ruido de camiones, gritos de mercado y olor a una cosa rara, una mezcla de sal y agua, tambien a carbon y azufre. Yo conocia el olor del azufre porque mi padre lo vendia en el negocio para distintos usos del campo. Pero este olor era diferente, era una suerte de todo, olor a todo. Era el olor de Valparaiso. El olor de mi amor Valparaiso, ese olor intimo del amor de uno que se recuerda siempre y cada vez que se siente a uno se le erizan los pelos.
Asi que llegue a Valparaiso en medio de su olor, cerca de la estacion Baron, en plena Avenida Brasil, frente al Mercado Cardonal, donde vendian los pescados mas grandes que yo habia visto en mi vida, con colores rojos y pardos, unas jaibas del porte de una pelota de futbol y unos insectos inmensos, con antenas y colores vivos, que brillaban al compas de sus movimientos sobre los grandes mesones de fierro. Pero no eran insectos, la gente los compraba y se los comian con deleite. Se llamaban langostinos.
Yo me arrancaba del chalet y cruzaba al mercado a mirar los insectos esos, los pescados y las jaibas descomunales. Pero mas que nada yo queria escuchar los gritos de los vendedores. La gente en Valparaiso gritaba de manera distinta a Los Andes. Decian otras palabras, se reian mas fuerte, se decian cosas unos a otros como si se conocieran de toda la vida. Los vendedores trataban de “mijita” a todas las clientas y nadie se enojaba. En Los Andes yo un dia llame “mijita” a una companera de la escuela y me acusaron a mi mama, que era la directora. En Valparaiso la gente era mas libre, mas abierta. Los vendedores miraban mi cara de asombro y me invitaban a tocar los pescados, me regalaban unos langostinos o un platano. En el mercado era facil hacer amigos, bastaba ayudar a los otros ninos a sacar la fruta de los canastos y ponerlas en los mesones. Yo tenia practica en eso y les ayudaba. Asi me hice los primeros amigos en Valparaiso.
Un dia mi mama me hizo poner la mejor ropa que habia llevado. Zapatos nuevos, unos pantalones cortos de tela inglesa, camisa blanca, suspensores con broches dorados. Me prohibio que pateara piedras con los zapatos nuevos y que me comportara bien en la mesa porque iriamos a tomar el Te.
Yo no entendi tamana exageracion para tomar el te. En Calle Larga todos tomaban te sin gran faramalla.
El viaje comenzo cuando tomamos un trole. Era un bus con suspensores como decian los ninos del mercado. No hacia ruido y las puertas se abrian y cerraban solas. Yo me sente en un asiento solo y me puse a mirar por la ventana. Entonces vi por primera vez el plan de Valparaiso.  Avenida Brasil, Avenida Argentina, Pedro Montt, la Plaza Victoria. Brasil de nuevo y nos bajamos cerca de un gran monumento a Lord Cochrane. Yo venia mareado, nunca habia visto tanta gente en una calle, los comercios todos abiertos, mas gritos de toda clase; callejones, ventanas por todos lados y al fondo, los cerros cargados de casas, casas, casas, mas callejones. Era como un interminable laberinto de calles y callejones, quebradas y escalas, todo rodeado de casas y de gente. Creo que en ese momento yo jure que si alguna vez era millonario, me vendria a vivir a Valparaiso para siempre, esto no era una ciudad, era algo magico, era como abrir un tesoro, uno se divertia mirando a cualquier lado. Sali del trole tiritando y estoy seguro que ya entonces me habia enamorado de Valparaiso.
Caminamos unas cuadras y era como andar en un barco. Las calles eran estrechas y por todos lados se sentia el olor a Valparaiso. Ibamos por la Calle Condell, medio serpenteante y de repente llegamos a una plazoleta pequena. Habia un alto edificio a la izquierda y a la derecha habia una pileta con pescados de colores. El agua de la pileta caia del cuerpo de un gran Rey. El Rey sostenia un arpon y anos despues supe que era Neptuno.
No habia tiempo para admirar la fuente. La fuente aun existe, la plazoleta se llama Anibal Pinto, ahi esta todavia y quizas sea uno de los lugares mas bellos de Valparaiso.
Entonces miro el edificio hacia donde caminamos. Tiene varios pisos y es una construccion muy antigua, muy bella. Parece una torta de novios, con decoraciones y relieves.
En ese lugar vamos a tomar el Te. Mi mama me hace nuevas recomendaciones y yo miro el nombre del lugar:  Cafe Riquet.
Entramos y en ese momento llego por primera vez a un lugar que ha estado atado a mi vida por mas de medio siglo. Cuando nos asomamos a uno de los dos grandes comedores, entiendo las recomendaciones de mi mama. La cosa no es Cafe, mas bien parece Catedral. Las mesas son de maderas finas, los manteles son impecables, bordados. Los cubiertos, tazas, servilletas, todo parece de un cuento. Los mozos visten pantalon negro y chaqueta blanca, inmaculadas. Llevan corbata de humita. Se inclinan ante los visitantes y les guian hasta la mesa. Yo no hallo para donde mirar, todo es como de fantasia. Las paredes llenas de cuadros.
Miro a unas senoras de la mesa del lado y veo que toman te con ceremonia, levantan el dedo chico al tomar las tazas y sorben solo un poquito y vuelven a poner la taza en el platillo. Se estan comiendo unos pasteles y veo que lo hacen con una espatula chica y tambien comen de a poco.
Nos traen el te, unos pasteles y tambien helado. Veo que en la bandeja del mozo viene una tetera de porcelana con el Te y tambien deposita en la mesa un instrumento que yo nunca habia visto. Era de metal dorado, quizas mezcla de bronce fino con relieves y decoraciones. Yo lo tomo de inmediato con curiosidad y mi mama me hace ponerlo de nuevo en su lugar. Entonces me doy cuenta que se trata de unas tenazas y son para agarrar los terrones de azucar. Mi mama conversa con su amiga Poblete y hablan de muchas cosas que no me interesan. Yo miro la gente, el cafe Riquet y juego con las tenazas y los terrones.
Veo que todas las mesas tienen tenazas y entonces se me ocurre la idea maldita. Me llevare las tenazas a Calle Larga y se la mostrare a mis amigos. Antes que venga el mozo y cuando ya veo que no tomaran mas te, me meto las tenazas al bolsillo del pantalon. El mozo retira todo y no se percata de la ausencia. Salimos con ceremonia como llegamos y volvemos a tomar el trole. Me olvide de las tenazas; Valparaiso de nuevo desfilaba ante mis ojos y como yo estaba enamorado ya, no tenia pensamientos para otra cosa.
Ya en casa de la Avenida Brasil me encontre las tenazas en el bolsillo y me entro un panico espantoso. Se veian mas grandes en la casa que en el Riquet y brillaban mas.
Entonces decidi no llevarlas a Calle Larga, seria mucho riesgo, Decidi deshacerme de ellas. Me fui al patio y las deje entre unos cajones de cosas viejas y pense que jamas nadie las encontraria.
Viajamos en tren a Calle Larga luego de unos dias y ya en casa yo solo pensaba en Valparaiso y en mi sueno de volver alli para siempre.
Un dia mi mama me pregunto porque andaba tan nervioso y no se lo que paso por mi mente y le conte lo de las tenazas. Mi mama me escucho con atencion y luego se rio mucho. Dijo que yo era un mentiroso, que no podia haberme llevado esas tremendas tenazas en el bolsillo. No hablamos mas del tema.
Unos meses mas tarde recibimos la visita de los Poblete en Calle Larga. Una tarde mi mama le conto a su amiga Poblete que yo le habia dicho la historia de las tenazas y que seguramente era una fantasia mia. La amiga Poblete miro a mi mama con una sonrisa timida y le dijo: “No, no es mentira. Yo encontre las tenazas en el patio de la casa”.
Mi mama puso cara de espanto y luego de eso tuve una conversacion de mas de tres horas con ella sobre la honradez, el buen comportamiento y los buenos habitos. Me hizo prometer que nunca mas volveria a hacer una cosa asi y yo estaba tan choqueado con el descubrimiento que no era necesario prometer nada.
Mi papa fue mucho menos comprensivo con el robo de las tenazas porque apenas supo me saco la mierda.
De eso han pasado exactamente 55 anos.
No fue necesario ser millonario para vivir en Valparaiso. Alli vivi por casi 20 anos y segui unido a Valparaiso hasta que sali de Chile. No hay duda alguna que Valparaiso es la ciudad que mas amo en el mundo. Sigo siendo fiel a Valparaiso y Valparaiso, aunque ha dormido con muchos otros hombres, me sigue acogiendo con el mismo amor de antes, me provoca los mismos tiritones de la primera vez y mi amor por Valparaiso sigue siendo misterioso y eterno.
Hace cuatro meses he vuelto a Valparaiso despues de 10 anos. Un dia mi amigo Joel Perez Olguin me envita a almorzar y decidimos ir al cafe Riquet.
Las mismas mesas, los mismos mozos y sus chaquetas. Pedimos el almuerzo y pido una botella de Santa Emiliana tinto. Al compas de la botella y la nostalgia, comienzo a contar la historia de las tenazas. Escucha Joel atentamente y tambien el mozo. Este sonrie y me dice que recuerda muy bien ese tipo de tenazas que habia hace 50 anos. El mozo desaparece y al rato vuelve todo misterioso con un paquetito en papel de servilletas. Se inclina ante mi y me dice:  “Senor, no pude encontrar tenazas alla adentro, ya no hay. Pero aqui tiene un platito del Riquet, lleveselo porque esto cerrara pronto. Usted merece tener un recuerdo de este lugar”.
Otra vez me echo el paquetito al bolsillo del pantalon y salimos con Joel a la calle Esmeralda. Miro a Neptuno ahi mismo y quizas mi madre va saliendo tambien con nosotros. Al menos eso senti yo.
Hace unos dias una amiga me envia la noticia de los diarios. El Cafe Riquet ha cerrado. La Tesoreria de la Republica ha rematado las mesas, las sillas y los platos. Los empleados lloran por su local de toda la vida. Yo leo las noticias y lloro tambien. Lloro por el Riquet de mi infancia, el de las tenazas. El te con mi madre y los cientos de veces que fui otra vez al Riquet con amigos, amigas, companeros, clientes, pololas, novias, esposa, hijos.
Yo venia en un trole cuando me enamore de Valparaiso. Creo que tambien dejaron de funcionar los troles el mes pasado.
No importa todo eso. Mi amor es con Valparaiso y eso no desaparecera jamas.

Mi Madre


Segun los numeros, estas muerta; 23 años muerta.
Pero ni un dia ha pasado, en los 23 años,
que no te haya sentido cerca.
Senti tu risa, tu voz fuerte,
tu voz de maestra rural, con mezcla de cigarrillo
y autoridad.
En las duras y en las maduras,
mas en las duras te senti conmigo.
Cada dia, cada jornada, cada dolor,
cada vuelo, cada mudanza te senti
y te siento.
Conmigo amiga madre has estado
con las lagrimas y con las risas.
Conmigo te has sentado a conversar
en tantos lugares, algunos muy lejanos y ajenos,
Pero ahi estabas, conversando, ayudando.

Nos hemos enojado y nos hemos reido.
Hemos meditado juntos y me has ayudado
con tu sabiduria de madre amiga.

Vieja amiga madre,
gracias por haber compartido tanto conmigo,
mas que nada en estos 23 años de presencia.
Que hubiera sido de mi en estos 23 años,
que soledad habria sentido sin ti.

Mas que antes me enseñaste a cocinar en estos años,
me explicaste el misterio de las preguntas de antaño.
Juntos leimos poemas, versos, historias.
Contigo anduve preguntando, abriendo puertas.
Contigo madre amiga anduve por los templos del Oriente.
Tu me llevaste a Madrid y yo te lleve a Saigon.
Juntos hemos hecho hartos recorridos
de ida y de vuelta.

Todos esos numeros no existen. No hay 23 años, ni hay 100.
Solo hay una eterna vuelta a las vueltas.
Aqui estamos, alli estaremos. Alli estuvimos.
Juntos, amigos, compañeros de conversacion,
habitantes del silencio y de la musica.
Tu con tu humo de cigarrillos,
yo con mi humo de tinieblas.
Asi son las vueltas.
Hoy ya soy viejo y tu ya eres joven.
Y siempre reimos, siempre discutimos,
pero nadie puede con tu sabiduria de vieja joven
Y de joven joven.

Ahora que estas tan joven , madre,
acompañame otro poco,
al menos hasta la proxima parada.
De ahi quien sabe, quizas nos vayamos
riendo por otra senda.
Quizas nos separemos en algun recodo,
pero que importa;
cuando yo mas lo necesite ya se que estaras conmigo,
otra vez,
Madre, amiga madre,
amiga de nunca acabar.

21 de Noviembre de 2007

Paloma de la Esperanza

Mucha gente compra revistas; las leen, las regalan, las olvidan en el bus, recortan sus paginas , las tiran.

Voy a contar lo que sucedio con treinta revistas en Chile, cuando tener libros y revistas era casi delito, casi un crimen. Y ademas estas revistas tenian nombre de mujer y de pajaro. Mostraban mujeres bellas , todas bellas por dentro y por fuera; su ropa, sus pensamientos y sus esperanzas.

Guardar revistas a veces puede transformarse en una aventura de amor, de tristezas, de dolor, pero tambien de alegrias, sonrisas y reencuentros. Pero hubo un tiempo en Chile cuando la mujer se alzo como protagonista y puso semillas para el pais de hoy. Ahora Chile tiene una mujer Presidenta. Pero eso es posible gracias a las mujeres de antes, las que aprendieron a leer, las que fueron al liceo, a la universidad, las que lucharon por sus hijos y su familia, las que fueron humilladas y reprimidas. Gracias a las mujeres que salieron en las treinta revistas.

Muchos no saben, pero hubo un tiempo en que las mujeres fueron ministras, parlamentarias, escritoras, periodistas y ayudaron a abrir el camino de hoy y de manana. Obreras y campesinas, empleadas, actrices, artistas, madres y abuelas, jovenes y estudiantes; todas mujeres de la esperanza en un Chile nuevo.

Aun no se escribe completa la historia de esas mujeres. Muchas murieron, otras se fueron de Chile para siempre y muchas otras callaron su historia hasta ahora y en cada una de sus memorias yace una historia de muchas penas, de muchas luchas y lagrimas.

Yo vivi esa epoca y fui afortunado de conocer a muchas de esas mujeres. Algunas estaban en mi familia, otras eran mis companeras y mis amigas; a otras las veia en las revistas, en la television; las escuchaba gritar en las concentraciones, aplaudir en los conciertos.  Eran las mujeres chilenas que se alzaron  a vivir un sueno en 1970 y al cabo de tres anos comenzaron a vivir una terrible pesadilla.

Estas lineas contienen algo de ellas y de esa epoca.

Creo haber pertenecido a esa gran cantidad de familias chilenas  donde las mujeres dominaron la situacion,  y la influencia. Muy profunda era la presencia de los abuelos y del padre, pero las mujeres en mi familia fueron la maxima dosis de influencia. Fui un hombre con suerte, criado y rodeado de mujeres de gran empuje, sensibilidad e inteligencia. Mis dos abuelas fueron las protagonistas de sus propias familias; a una casi no la recuerdo, murio poco despues de traerme al mundo, era matrona y me saco ella misma del vientre de mi madre, alli en Calle Larga, en esa casa que la abuela Luisa tenia para venirse a descansar de las salitreras. Quizas cuantos cientos o miles de ninos trajo al mundo esta matrona, mi abuela Luisa, y yo fui su ultimo.

  Su lugar lo ocupo mi abuela paterna, la abuela Rosa; ella fue en verdad quien me transmitio el cordon familiar de su familia, su amor por la tierra, las frutas y las cosas; la fidelidad por la familia y el sentido de lealtad hacia la gente de uno. Tambien de la abuela Rosa recibi algo que es dificil de describir, algo que no tiene nombre ni apellido pero tiene que ver con lo que uno es y sera toda la vida, algo que se parece al amor y los sentimientos, pero es mas que eso, es lo que sentimos a cada instante cuando pisamos la tierra, llegamos a un nuevo lugar y nos maravillamos con un objeto minusculo y solitario. Mi abuela Rosa me enseno a mirar un arbol y ver mas alla del arbol, ver mas que la fruta y las ramas. Esta sencilla mujer, que se habia pasado la vida criando a sus hijos y luego a sus nietos, hijos de mi tia Rosa, tuvo tiempo para ensenarme algunas cosas de la vida y la tierra que aun recuerdo. Han pasado tantos anos y a veces cuando llego a un lugar desconocido y huelo una fruta exotica, recuerdo a la abuela Rosa y la veo sonriendo a mi lado.

Tambien tuve dos o tres madres de leche. De ellas recuerdo muy bien y con gran carino a Laurita y Amanda, madres de tantos chiquillos propios, mis hermanos de leche, que debo tener parientes por todos lados, mas alla de Calle Larga.

Mi madre lleno despues otra dimension. Era maestra mi madre, pero no solo maestra en la escuela ; continuaba siendolo en la casa y en cada lugar donde estaba. Eva Navarrete nacio para ensenar y murio ensenando. Era tan facil aprender con esta maestra al lado, siempre leyendo, siempre comentando los libros y las revistas. Yo aprendi a leer en un calendario, leyendo los nombres del santoral y las efemerides, sentado en el borde del sillon de mi madre.

Mi madre  era apasionada de las revistas. Hacia alcanzar su pobre sueldo para comprar todas las revistas que aparecian. Asi me transmitio ese vicio y esa pasion. Juntos en Calle Larga leiamos las revistas de todo tipo y aunque yo era muy joven por entonces, igual me las arreglaba para leer las revistas de mi madre. Por entonces yo recibia las revistas Okey, El Peneca, Estadio y Barrabases. Pero despues pasaba a las revistas de grandes, El Fausto, Confidencias, Para Ti, Zig Zag, Topaze, Rosita, Eva, Ecran.

El vicio siguio despues en Valparaiso y de la epoca del gobierno de Salvador Allende es la historia  que voy a contar ahora.

Durante el gobierno de Allende, en 1971, mi madre jubilo como directora de escuela primaria. Pero no se quedo tranquila  y se hizo voluntaria en su barrio para ayudar a las Juntas de Abastecimiento Popular, unos organismos  creados por el gobierno para facilitar el abastecimiento de alimentos durante el acaparamiento de la derecha. Un tal General Bachelet dirigia por entonces este abastecimiento y mi madre estuvo haciendo eso hasta el 10 de septiembre de 1973, preocupaba de que cada cual recibiera lo mismo que el resto y tratando de ensenar recetas que fueran faciles con los productos que tenian.

La pasion por las revistas no habia disminuido, por el contrario, tratabamos de leer todo lo que se podia y tuviera relacion con el proceso politico y social que vivia Chile.

Asi salieron varias revistas nuevas ; unas editadas por la Editorial Quimantu del Gobierno, otras de oposicion.

Un dia, aparecio una revista nueva sobre la mujer. Era la version progresista de la Revista Paula o de la Revista Eva. Era una revista sobre la mujer comprometida, la mujer de avanzada en ese pais que se abria paso a una nueva senda.

La nueva revista se llamaba Paloma.

Por supuesto la comenzamos a comprar y leer. La Paloma era distinta, no era de mujeres cuicas, era de mujeres bellas pero de nuestras mujeres, nuestras companeras, nuestras amigas y novias.

Asi que Paloma fue tambien una mujer para amar y seguir.

Cada ejemplar de Paloma era leido y guardado como testimonio de la mujer nueva, la mujer nuestra.

Creo que salieron como 30 ejemplares de Paloma hasta el golpe del 11 de septiembre.

El 20 de septiembre allanaron mi casa, pusieron una camioneta bajo la ventana de mi dormitorio y arrojaron a la camioneta todos mis libros. Hasta hoy recuerdo los bellos libros perdidos, los autores rusos, la poesia, los autores chilenos, los cuentos, los viejos relatos de mi juventud, mis viejos libros salieron por la ventana hacia las hogueras del fascismo chileno.

Algunos libros se salvaron milagrosamente. Una primera edicion del Canto General, editado por el Partido Comunista  durante la clandestinidad de Gonzalez Videla, se salvo porque estaba debajo de la jaula de un canario.

Otros estaban en otras piezas, metidos en veladores, libros agazapados bajo los catres.

En mi closet, bajo mi ropa colgada estaban los montones de la Revista Paloma. 

Asi pasaron los anos y las Palomas siguieron escondidas en el closet, calladas , silenciosas.

En 1984 fallecio mi madre. Hasta el final de su vida leyo revistas, libros; escribio sus pensamientos y trato de ensenar. Por sus ultimos dias llegaba a nuestra casa portando los suplementos educativos de los diarios para mis hijas y les ensenaba de todo y disfrutaba contestando las preguntas. Unos anos antes  yo me habia ido a vivir con mi esposa y mis hijas a nuestra propia casa. Nos llevamos los libros salvados y las revistas Paloma salieron del closet a otro lugar mas iluminado. Por entonces yo tenia un taller de imprenta en el Cerro Monjas. Haciamos formularios para la burocracia chilena. A veces yo sentia una pena enorme de utilizar esos bellos tipos de metal fundido para hacer papeles con columnas y espacios para los numeros de las exportaciones e importaciones, los almacenes particulares y el paso de los vehiculos por las fronteras. Hubiera querido imprimir poemas, novelas, creaciones de tantos chilenos escondidos, exiliados, acallados en Chile por la dictadura.

Entonces yo recorde  las Palomas. Quise encuadernarlas y hacer tres libros con esa coleccion completa. Pero pedir eso a los operarios de la imprenta era arriesgado, podian darse cuenta de que eran revistas del tiempo de Allende.

Asi que un dia me lleve las Palomas a la imprenta y en una pieza aparte comence a encuadernarlas. Yo habia aprendido a encuadernar en el Liceo Eduardo de la Barra, en las clases de Trabajos Manuales con el profesor Cortes.

Primero saque cuidadosamente los corchetes y comence a coser las revistas en tres tomos. Una vez cosidas se encolaba el lomo y los tirantes con las contratapas, puestos los tomos en una prensa. Luego habia que “limpiarlos”, como se llama en imprenta a guillotinear los lados para que los tomos queden parejos. Lo hice cuando ya los operarios se habian ido. Despues hice las portadas y eleji un papel de cubierta muy comun, asi que los tomos parecen archivadores de oficina. Cuando los tomos estuvieron listos los lleve otra vez a la casa y mi esposa los leyo otra vez y selecciono articulos con recetas, modas, opiniones. Ella puso pequenos papelitos para senalar articulos de interes. Asi las Palomas estuvieron activas otra vez.

En 1989 viajamos a Canada. En un contenedor viajaron nuestros viejos muebles, las bicicletas, las ollas y los platos, los discos y los libros salvados. En alguna caja bien cerrada, las Palomas cruzaron el oceano, pasaron por el Canal de Panama y llegaron a los Estados Unidos. Alli hubo control del contenedor por si habian drogas, eso les interesa a los yankis. No se ocuparon de las Palomas en una caja y asi llegaron unos dias despues a Canada.

Cuando me separe de mi esposa, las Palomas quedaron bajo su custodia, varios anos la siguieron acompanando.

Un dia  ella tambien separo casa y quiso darme algunas cosas de ese tiempo. Las Palomas volvieron a mi casa, ahora un pequeno apartamento en Toronto. A veces yo abria los libros y recorria esa epoca, la epoca de las Palomas, mi madre, mi polola, mis companeras. Eran las Palomas de los recuerdos.

Hace como dos anos mi segunda hija, Nadia, viajo a Chile de vacaciones. Mi primera hija, Eva, estudiaba periodismo en Santiago. Entonces se me ocurrio enviar a mi hija los tres libros de Palomas. Mi hija Eva se especializa en modas y temas del vestuario y la mujer. Era un regalo adecuado.

Yo no sabia que estas Palomas estaban destinadas a una nueva aventura, a cerrar un circulo de un viaje que no habia terminado.

Mi hija estaba comenzando a hacer su memoria. Durante las conversaciones por internet sobre su trabajo surgio la idea de hacer su memoria sobre la mujer en tiempos de la Unidad Popular y teniendo como base las revistas de la epoca y entre ellas las Palomas.

Mi hija no se anda con chicas y comenzo a solicitar entrevistas con las protagonistas y testigos de la epoca.

La celebre periodista Raquel Correa no estuvo muy feliz al comienzo de otorgar una entrevista a una estudiante que proyectaba escribir una memoria sobre la moda y el fashion de la Unidad Popular, tema un tanto frivolo. Sin embargo no solo le concedio la entrevista sino que fue muy amable en darle detalles ineditos de esa epoca, en contarle detalles personales.

En medio de la conversacion, salio el tema de las Palomas.

Raquel Correa era amiga de la que fue la directora de la Revista Paloma,  Cecilia Alliendes.

Le dio la direccion de su amiga y le dijo que vivia en China, esposa del embajador de Chile en ese pais.

Eva se comunico con Cecilia Alliendes y le conto su proyecto y la existencia de los tres tomos de Palomas.

Cecilia Alliendes penso que era una broma. Existian las Palomas y escribian una memoria sobre ellas??

Al poco tiempo Cecilia Allendes viajo a Chile y conocio a mi hija. Se abrazaron como si se conocieran, se emocionaron, dos generaciones distintas de periodistas y mujeres chilenas.

Cecilia Allendes tuvo los tres tomos de Palomas en sus manos, los abrio y lloro.

Ahi estaba parte de su historia, parte de su vida.

Hizo una dedicatoria a nuestra familia en uno de los tomos y se refirio a las revistas como las Palomas de la Esperanza. Su Esperanza de que Chile recupere la alegria , la alegria de ser todos chilenos, hermanos, amigos, de superar los odios y las separaciones.

Mi hija continua trabajando en su memoria, una memoria que cada dia adquiere nuevos significados. Desde China, Cecilia Allendes envia sus saludos y su gratitud por haber conservado ese patrimonio.

Para terminar esta historia, transcribo el texto que mi hija nos envio tras la entrevista con Cecilia Allendes.

Pero la verdad, verdad, esta historia no termina. Ninguna historia termina, todo tiene su significado y las claves estan ahi solo para identificarlas. Los ciclos no se detienen y los hechos ocurren y vuelven a ocurrir aunque muchas veces pensamos que las historias han terminado. Las Palomas escondidas en el fondo de un closet, viajando los oceanos en una caja, son las mismas palomas que leyo mi madre,   mi polola, con los papelitos marcadores, cosidas y empastadas en secreto, guardadas y mantenidas para ser parte de la historia de la mujer chilena en una epoca historica de Chile.

 

Me escribio mi hija Eva:

 

“En 1972 la llamó una amiga para ofrecerle hacerse cargo de una revista
nueva. Era para mujeres que quisieran ser felices, que gozaran de su familia
y que se atrevieran a soñar sin perder jamás la esperanza.

Lo logró, con la ayuda de un equipo al que aún recuerda con alegre
nostalgia. Y fue feliz, hasta que el penúltimo número salió a la venta. Los
pliegos de la publicación de octubre quedaron en Quimantú, hasta donde llegó
con su marido, Fernando, el 11 de septiembre de 1973. Guardó algunos
pliegos, y fue todo lo que quedó de aquel sueño.

Pronto salió de Chile, para volver poco tiempo después a trabajar en la
Vicaría de la Solidaridad.

Han pasado casi 34 años. Hoy vive en China, donde sufre la lejanía y
disfruta estar cerca de su marido, el embajador.

Un día él recibió una carta desde Chile. Le cuenta que una estudiante de
periodismo los busca, que la quiere entrevistar. Y ella contesta, felíz, que
sí. Y la llama amiga.

Un mes mas tarde se reunen, y vuelve a tener en sus manos la colección de
Paloma. Cuenta su historia, la de un grupo de periodistas soñadores que se
atrevieron a ser felices. Lamenta lo sucedido. Se siente un tanto culpable,
pero no se rinde en aquella aventura de recuperar la felicidad que alguna vez
tuvo. Se dice la mujer más afortunada de Chile, pues vivió la libertad de
prensa, disfrutó de los hijos y de su marido. De los amigos, del teatro, del
edificio Gabriela Mistral, y porque se atrevió a buscar a "la mujer chilena"
para que llenara las páginas de moda de su revista, en una lucha "por la
justicia" de todas las formas femeninas, flacas y no tan flacas; altas y no
tan altas; rubias y morenas; pero todas chilenas.

Y fue entonces, entre Coca Cola y cigarros -sus grandes vicios- que se
enteró que su colección había viajado a Canada, donde una familia de
emigrantes becados por la Corfo las llevaron a conocer el hemisferio norte.

Y fue entonces que Cecilia se llevó las manos a la cara y lloró.

Y les envió las gracias, por semejante honor.”


Eva Maria Medalla
4 de julio de 2007
El día que Cecilia Allendes contó la historia de Paloma

 

 

Dedico esta historia a todas las mujeres de mi familia. Ellas, de una forma u otra, directa e indirectamente, ayudaron a guardar las Palomas y hacer la historia de la mujer chilena: Mis abuelas, mi madre, mis tias y primas, mi hermana, mi suegra, mi esposa, mis hijas.

A mi hija Eva Maria Medalla, por estar averiguando por todos lados la suerte de la mujer chilena en una epoca para muchos desconocida.

Mas que nadie, esta historia es para Cecilia Allendes, una periodista que hizo historia de la mujer en Chile y aun vive manteniendo la Esperanza y la Alegria.

 

Marcos Medalla.

Lector de Revistas

 

 

 

 

La Carmencita y el Nino Dios de don Bernardo.

      El Niño Dios del Libertador Bernardo O’Higgins

     En la Calle Larga que yo naci, hace casi sesenta años, se contaban tantas historias de brujos y encantamientos, de aparecidos y almas en pena, que cuando uno salia por las tardes no sabia quien era real y quien era ficticio. Sucedia muchas veces que una persona de carne y hueso era tomada por aparicion y por el contrario, quizas una tarde uno encontraba al demonio mismo montado a caballo y le saludaba con gran reverencia. Y esto no es broma. Gente de gran seriedad y compostura juraba haber visto jinetes que jamas llegaron a destino y en corceles que nadie habia visto antes. Y como estas historias eran del dominio publico, uno se andaba con cuidado. Recuerdo que cuando me compraron la primera bicicleta para asistir a clases en el Liceo de Los Andes y habia que pedalear los ocho kilometros de vuelta a casa por las tardes, despues del Segundo Crucero, Calle Larga era una boca de lobo. A pesar de las luces en los postes, la oscuridad era total, uno se guiaba por los destellos debiles de las ampolletas, pero entre farol y farol daba igual irse con los ojos cerrados y guiarse por los ruidos. Y el ruido mas comun era el de alguna cabalgadura a la distancia. Nada se veia y solo el ruido se sentia cada instante mas cerca. Cuando el jinete pasaba junto a mi y un escalofrio de quizas que cosa me recorria la espalda, yo decia bien fuerte:  “Buenas Noches!” Asi saludaba a todos los jinetes, que a veces respondian y otras veces se sacaban levemente el sombrero, segun veia yo en la tenue sombra sobre el cielo estrellado. El corazon palpitaba mas fuerte y el pedaleo mas rapido; asi veia pasar las casas conocidas, las luces familiares de alguna cocina encendida. Creo que le perdi el miedo a la oscuridad sentado en la bicicleta en la penumbra total de Calle Larga esas noches lejanas. Nunca supe si alguno de los jinetes que  me saludaron eran apariciones de una dimension diferente al resto. Debo confesar que a pesar de la costumbre, mi alma se sentia aliviada cuando divisaba las luces de mi casa y entraba silbando como si nada me hubiera inquietado.
  Por Calle Larga habia pasado parte del Ejercito Libertador en su camino desde Argentina, luego de cruzar la cordillera mas alta de America en los pasos de los Patos y Uspallata. Y eso habia ocurrido apenas poco mas de ciento treinta años atras y los hechos estaban aun frescos en la memoria trasmitida de los callelarguinos. Por ello se contaban mil historias, de heroismos y de glorias. Cada cual contaba lo que habia oido y cada cual hacia descansar al Libertador Bernardo O’Higgins en su casa, bajo su parron y juraba que el Huacho Riquelme habia dormido la siesta en alguno de los dormitorios señoriales de alguna casa conocida.
  Entre todas las tradiciones de entonces, habia dos que dominaban el comentario y se daban por seguras. La primera era la existencia de un tesoro que el Ejercito Libertador enterro en algun patio o bajo alguna casa y que fue alli dejado para recuperar despues, pero los oficiales en posesion del secreto murieron en la Batalla de Chacabuco, apenas unos dias del entierro. Desde entonces buscar el tesoro era tarea y fantasia de todos. No hubo patio de Calle Larga que no fue puesto al descubierto. Yo mismo, cuando tenia unos ocho años, me rompi las manos haciendo hoyos en el patio de la casa de mi abuelo. Un dia encontre una vieja moneda de cobre que al brillar parecia oro. Fue una gran desilusion al limpiarla y ver que era de cobre y databa de 1833. La guarde por mucho tiempo y quizas en que mudanza se perdio mi moneda del tesoro de fantasia. Años despues supe que gente buscaba el mismo tesoro en Charrabata, cerca de Quillota. Aca llegaron mas lejos, porque un antiguo colega mio de la Aduana me conto que estaba seguro que una familia lo habia encontrado, puesto que su fortuna crecio de la nada y de la noche a la mañana. Poco antes la casa colonial habia sido demolida y huecos extraños en las murallas daban cuenta de un hallazgo desconocido.
  La otra tradicion callelarguina era el Niño Dios del Libertador Bernardo O’Higgins. En tiempos de la Colonia era comun poseer estos Niños Dios, de fina porcelana y vestidos con finos tules y sedas bordadas con hilo de oro. Aparentemente el Libertador tenia uno que traia consigo en sus viajes y campañas. Por alguna razon desconocida, este Niño Dios habia quedado en Calle Larga , en la casa que ahora pertenecia a don B. P., conocido vecino nuestro. Mucha gente habia visto el Niño Dios, otros decian haber orado ante el y muchos se persignaban cada vez que pasaban frente a la casa de don B. P.  Yo siempre andaba haciendo preguntas sobre estos casos notables y un dia se me ocurrio preguntar sobre este Niño Dios a mi profesor de religion, el cura de Calle Larga, don Ricardo Rodriguez. Este cura, que era famoso por su liberalismo y aficion a ciertos pecados terrenales, me contesto muy serio: “ No hagas caso, Marquitos, son huevadas de la gente”. Pero despues me miro algo misterioso y agrego: “Este viejo de mierda de don B.P. se cree el dueño y el Niño era de don Bernardo y deberia estar en la parroquia”.
   Asi estaban las cosas cuando se produjo algo que cambio la historia de Calle Larga por esos años. En la escuela donde mi mama era la Directora, la Escuela 8, frente a la Parroquia y casi junto a la Municipalidad, se organizaba una velada bufa, como todos los años. Habia varios numeros programados y la novedad mas grande era un mago y prestidigitador que venia de Santiago. Yo me habia preparado con dedicacion, ya que me tocaba cantar y elegi el bolero “Prohibido”. Me lo sabia de memoria, aunque ignoraba el sentido de infidelidad pecaminosa de los versos.
   Todo transcurria con normalidad , cuando alguien avisa que Alejandro Flores visitaria  Calle Larga por esos dias. Decir algo asi, era como decir ahora que Marlon Brando o Jack Nicholson visitaria tu casa. No habia en Chile actor mas famoso que Alejandro Flores. Y me atreveria a decir que no hubo jamas en Chile un actor mas famoso. Por entonces no habia television, el cine era solo para algunos y el teatro era una institucion nacional. Alejandro Flores habia hecho suspirar, llorar, desmayar y soñar a miles de chilenas en el teatro, en las comedias y radioteatro, al recitar poemas y solo de aparecer en publico. Si bien ya venia de vuelta de la fama, su nombre era sagrado y de solo pensar que estaria en Calle Larga hizo delirar a todas las damas callelarguinas. Mi madre, antigua aficionada al teatro y admiradora de Alejandro Flores, no perdio el tiempo y movio sus influencias para invitar al gran actor a la velada bufa de la Escuela. Todo estaba bien, solo que por esas cosas del destino, Alejandro Flores acepto la invitacion. La noticia corrio como rio desbordado, se agotaron las entradas y mi madre tuvo que conseguir sillas prestadas en la Municipalidad y hasta el Cura Rodriguez presto unas bancas de la Iglesia, para ver a este actor de las comedias pecaminosas.
  Pero cual era la razon de la visita de Alejandro Flores a Calle Larga?
Muy simple. El actor estaba casado con la dama Carmen Moreno. Esta dama, que no recuerdo si era actriz o heredera de alguna fortuna, coleccionaba Niños Dios y ambicionaba poseer el Niño Dios de don Bernardo O’Higgins. Venian en viaje de adquisicion de la reliquia y aparentemente asistir a la velada bufa de la escuela, seria un gesto de simpatia hacia la comunidad.
  Ahora bien, lo que voy a describir a continuacion es quizas el hecho publico mas notable de mi niñez, superior a ver al presidente Ibañez en el Regimiento Guardia Vieja o al Tucho Caldera, asesino del turco Amar, en su camino a Santiago a enfrentarse con el peloton de fusilamiento.
  Esa tarde estaba todo Calle Larga en la escuela de mi madre. No cabia nadie mas. Habia gente hasta en las murallas que cerraban el patio, en lo alto de la higuera de una casa vecina, en el techo de la escuela. La velada no comenzaba mientras no llegara Alejandro Flores. Habia damas que habian venido desde los Andes, muy elegantes. La primera fila estaba ocupada por las profesoras de la escuela, sus hijos, el Alcalde de Calle Larga, el tesorero y su esposa, que curiosamente tenian una hija que se llamaba Carmen Moreno y era mas linda que el Niño Dios, segun tenia yo entendido.
 De repente un murmullo de incredulidad, un ademan de muchos hacia la entrada de la escuela, ahi bajo el corredor de pilares donde jugabamos en recreos de invierno, aparece la figura de Alejandro Flores y su esposa Carmen Moreno. Muy elegantes ambos y sonrien a todos. Se acercan a saludar a mi madre y ella les presenta al Alcalde y otras personas de la primera fila. Muchas mujeres lloran de emocion, gritan, aplauden, no hallan que hacer con este pez gordo del teatro en el patio de la escuela.
 Pocos se percatan que Carmen Moreno lleva una criatura en los brazos. Esta cubierta por un chal blanco de seda bordada con hilo de oro. Una organza transparente le cubre el rostro a la criatura. A pesar de los aplausos y gritos de la concurrencia, la criatura no se mueve en los brazos delicados y suaves de Carmen Moreno. Tampoco llora ni hace ningun ruido. Esta criatura no es un niño de carne y hueso. La guagua tan lujosamente vestida que Carmen Moreno acuna en sus brazos es el Niño Dios del Libertador Bernardo O’Higgins. La esposa de Alejandro Flores se inclina levemente hacia mi madre y le dice algo al oido. Mi madre mira a la criatura con sorpresa e incredulidad. En seguida mi madre sube al escenario instalado y hace una bienvenida al actor Alejandro Flores, gloria del Teatro chileno y su esposa . Cuando se refiere a ella, mi madre comunica a la concurrencia: “La señora Carmen Moreno porta en sus brazos el Niño Dios de don Bernardo O’Higgins.”
 Hasta ahi llegaron los gritos y aplausos. El publico, al saber que la reliquia estaba en frente de todos, guardo silencio, un silencio extraño, como de encantamiento roto, de secreto revelado. El mas grande actor chileno de teatro de todos los tiempos paso a segundo plano y las miradas se dirigian hacia esta imagen de porcelana cubierta de tules y de sedas.
 Comenzo la velada y yo me desafine con el bolero “Prohibido” apenas me di cuenta que la Carmencita Moreno me miraba, no la del Niño Dios, sino la otra, la hija del tesorero. Siguieron otros numeros y yo me desquite despues cuando el mago y prestidigitador pidio un ayudante y yo levante la mano el primero y subi al escenario y le vi todos los trucos y le segui la onda cuando el mago me soplaba lo que tenia que hacer. Todos se impresionaron con la cara de ahogado que yo ponia cuando las cuerdas me apretaban el cuello o cuando me enterraba espadas por todo el cuerpo. Cuando termino el mago todos me aplaudieron las payasadas y cuando volvi a mi asiento Alejandro Flores me felicito y me dijo que yo seria un gran actor. No andaba nada de perdido el gran actor porque hacer payasadas ha sido mi vocacion primera.
  Pero el premio mejor me lo dio Carmen Moreno. Me llamo junto a ella y me dejo que tomara el Niño Dios en mis brazos.  Cuando tuve la reliquia en los brazos, Carmen Moreno levanto el velo que cubria la cara de porcelana y pude ver con mis propios ojos a este Niño Dios de quien habia escuchado tanto en mi niñez. La esposa de Alejandro Flores me dijo que lo mostrara a las personas que estaban cerca y asi recorri unos pasos, se lo mostre a la otra Carmen Moreno, que ahora si estaba seguro era mas linda que el Niño Dios.
  La velada termino con Alejandro Flores recitando los mas conocidos poemas, con una voz impresionante de actor consumado y con una declamacion pronunciada, de esas que siempre me dieron verguenza ajena.  Pero hay que ser justos. Cuando los aplausos sonaron interminables en la escuela 8 de Calle Larga esa tarde, concluia  la velada mas celebre, con las visitas mas ilustres de que se tenia memoria.
  Casi cincuenta años han pasado desde entonces. Para quienes viven en Chile y se interesan por los temas historicos de la patria, les dejo una tarea. En alguna parte, en alguna herencia o algun museo, o quizas olvidado, estara el Niño Dios del libertador Bernardo O’Higgins, que Alejandro Flores y su esposa Carmen Moreno fueron a sacar de su sueño de mas de un siglo en la Calle Larga de mi niñez. Donde estara la coleccion de Carmen Moreno? Buena tarea, para los que piden y buscan al Niño Dios.
 Y parodiando a Neruda, donde estara la otra Carmen Moreno, la linda, la hija del tesorero?

Saturday, 15 December 2012

Vika-Sashka y los gorriones de Moscu.

      


El Moscu que yo recuerdo esta lleno de trenes
y de ti, Vika-Sashka.
Como yo podria volver un dia a Moscu
sin verte, baltushka?
Nos metiamos por los tuneles del Metro,
pasaban las estaciones, desfilaban los marmoles,
las estatuas, los mosaicos; nos cruzabamos
con Mayakovsky, lo dejabamos atras
y seguiamos hacia Gorki.
No nos percatabamos de Lenin
y nuestra conversacion se centraba en Pechorin,
el heroe de Lermontov.
A susurros repetiamos a Esenin
y medio asustados nos bajabamos
a caminar por donde fuera.

Recuerdas aquel dia que, cansados de caminar
nos quedamos en un asiento de Sokolniki,
y como ya habiamos recorrido todos los
temas de la literatura, los amores y las revoluciones,
nos pusimos a hablar de gorriones?
Tu decias que los gorriones eran originarios
de Rusia.
Yo me reia y te aseguraba que los gorriones
eran mas chilenos que el mote con huesillos.
Dura tarea explicarte en ruso
el esoterico y sabroso
significado del mote con huesillos.

He recorrido tantos paises,
Vika-Sashka, tantos parques,
me sente en tantos bancos de plaza,
me asome por tantas ventanas
de tantos lugares.
Una vez me pase un dia entero,
tirado en un patio de cuartel,
protegido por ametralladoras,
sin derecho a moverme
bajo amenaza de muerte.
Solo vi gorriones ese dia,
saltando libres
al fondo del patio.
En todas partes veia gorriones.
nunca supe si eran de los rusos
o los chilenos.

Pero nunca te vi Vika-Sashka.

No mas divisaba un gorrion,
ya fuera chico, cantor, callado,
gorrion hambriento o satisfecho,
ya  gorrion con plumas
o gorrion desplumado,
yo te recordaba Vika-Sashka,
devushka, muchacha mia.

Me preguntaban, porque los gorriones
me producian tamaña tristeza.
Es la nostalgia, yo decia, como los gorriones
Son de Chile y son de Rusia....

No mas me metia en un Metro,
ese sucio de Buenos Aires,
o de Londres o Paris,
entraba al utilitario Metro
de Toronto, al impecable Metro
de Santiago, siempre lo mismo:
Yo veia pasar las multitudes
y te buscaba, buscaba tu impermeable,
revisaba todos los ojos tristes
que se me cruzaban.

Cuantos gorriones habras contado
en todos estos años?
Cuantas estaciones?
Me recordaste alguna vez,
cuando por fin tenias el aire libre
para leer en voz alta a Esenin?
Me recordaste alguna vez con Pechorin?
Te cruzaste alguna vez con Chejov
en algun tranvia, en alguna escala mecanica
y recordaste nuestro Jardin de los Cerezos,
nuestro Yonich o nuestra Dama del Perrito?

Por eso no he vuelto a Moscu.
No hay nada en esa aldea
que se pueda ver sin ti,
Vika-Sashka, baltushka.

A veces en sueños camino
bajo los arboles en Novodevichi.
Los gorriones pasean y vuelan
de la cabeza de Gogol hasta
la lapida de Stanislavsky,
acuden a cagar la bandera
de Ostrovsky y tu y yo
caminamos lentamente,
seguimos la conversacion que
quedo interrumpida junto a Pushkin
hace veintiquince años.

Los sueños, sueños son, decia
el poeta español.
Cierra los ojos y caminemos,
amiga.
Los años no pasan.
Solo pasan los gorriones
y las estaciones.

Aun tenemos patria.

 "Aun tenemos patria, ciudadanos". (Manuel Rodriguez) El periodo entre la derrota de Rancagua y la victoria de la batalla de Chaca...