Neruda pregunto por la Guillermina;
otros siguen preguntando por las novias
esfumadas.
Yo no pregunto nada. Ni donde estas, ni con quien.
Ni con cuando.
Desde esa tarde en el Metro de Yugo-Zapadnaya,
tus ojos viajan conmigo por los tuneles
de todos estos años.
Tu sonrisa triste jamas se fue de mi lado
y tu impermeable liviano y gris me ha protegido
de aguaceros, vientos de norte y sur, de aluviones y
tempestades.
Yo te miraba en el asiento del frente;
esperaba que tu mirada se cruzara conmigo
y me regalaras una sonrisa triste.
Quien iba a pensar que asi seria mi vida completa:
esperando tu sonrisa triste.
Cuando te bajaste y corri tras tuyo por la interminable
escalera mecanica, dando tropezones por entre los
indiferentes a mi locura enamorada,
yo no sabia entonces, Vika dorogaia,
que asi serian mis decadas,
a tropezones con mis amores,
solo de ti y de tu sonrisa.
Por eso no pregunto por ti.
La verdad es que te quedaste conmigo
para siempre.
Te lleve a cuanta reunion hacian.
Repeti tus palabras tantas veces,
lei tus cartas hasta que el fragil papel
se confundio con el aire.
Repeti nuestras caminatas por Leninsky,
en Valparaiso, en Rio de Janeiro y en Saigon.
Cuando estabamos sentados junto a Pushkin
aquella ultima tarde del 69,
y dibujabamos adioses en el suelo,
tambien me lleve ese escaño;
lo anduve acarreando contigo
en tantas tardes tristes, en plazas, parques,
costaneras, a orillas del lago, arriba de los
aviones.
No me dejaste nunca, Vika-Sashka.
Tu repetias conmigo el poema de Block:
“Lucha eterna ¡” me decias y yo te hice caso,
y sobrevivi los apaleos y la noche larga de Chile,
porque tu estabas conmigo.
No te fueras a enojar si yo flaqueaba.
Pero no todo fue soledad y adioses.
Tambien rei contigo tantos años.
Juntos celebramos nacimientos, triunfos,
poemas, libros, viajes, besos, trenes.
Yo no se si fuiste feliz si o feliz no.
La felicidad se mide y no se mide.
Tambien yo fui feliz si y feliz no
Y hasta ahora no se, la exacta medida
De mi dicha.
Ojala que la Vika que se quedo en Rusia,
haya sido mas feliz que la que me lleve
a cuestas en el escaño de Pushkin.
Quizas un dia me lo digas
y yo te muestre la mia
para hacer cuentas.
Me da tanta verguenza verte,
y mostrarte todas las pellejerias
que te hice pasar conmigo,
siempre a cuestas en el escaño,
las caminatas, el Metro y las estaciones.
Y si no llego a verte nunca, Vika Grigorieva,
Sonrie, sonrie, sonrie.
Te llevare en el escaño de Pushkin,
con nuestros besos, nuestras peleas,
nuestro amor interminado e interminable.
Te llevare conmigo siempre,
pues para entonces seras tan fragil como el papel
de tus cartas; el escaño sera liviano como el aire,
y tu seguiras conmigo
hasta que feliz si.
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