Yo naci mucho despues de haber nacido,
naci cuando vi Valparaiso.
Abrí los ojos para dejar entrar las olas,
para mirar el viento por dentro,
para sentir la niebla espesa en la bahia,
oir el lamento del mar
y los quejidos del toro alarmante.
Yo naci en verdad cuando la lluvia
no caia del cielo oscurecido,
sino bajaba por la calle Hospital
como desborde de yeguas coloradas.
Yo no aprendi a caminar
cuando di los primeros pasos terrestres.
Yo aprendi a caminar
cuando bajé mi primer cerro,
mi primera quebrada, mi primera
escala inconclusa, cuando saltando
de loma en loma, de barrial en barrial,
de piedra en piedra, de basura en basura,
me iba acercando al plan,
para seguir cayendo,
para seguir saltando y aprendiendo
el caminar de Valparaiso.
Yo no aprendi a llorar hasta que pude
llorar Valparaiso.
Mis lagrimas solo aprendieron a ser
lagrimas,
cuando fueron lagrimas de sal amarga,
gotas marineras de angustia y temporal.
Yo aprendi a llorar cuando Valparaiso
se estremecia de muerte y miseria.
Nunca supe de risas
hasta que aprendi la risa luminosa
de mis hermanos de liceo,
cuando las bromas y la alegria
se confundian con las muecas disimuladas
del dolor, de las apariencias debidas ,
cuando reiamos para ocultar la sorda
pobreza digna e inconfesable
de los miserables acaudalados
del segundo patio.
Yo aprendi a amar solo en Valparaiso,
cuando el amor viajaba en el bus
de la Avenida Alemania.
Mi corazon aprendio a palpitar
cuando al subir una escala estrecha
por la subida Ecuador
sentia junto al mio el corazon de Mariela.
Yo aprendi a besar en Valparaiso,
cuando un beso comenzaba en las penumbras
de Yerbas Buenas
y terminaba alla arriba
en la planicie del cerro Florida.
Y cuando en la solemne arquitectura
de la Santa Maria,
escuche por vez primera
la pequeña serenata nocturna
de Mozart prodigioso,
solo entonces,
ahi en lo alto de Los Placeres,
entro a mi por vez primera
la musica, ese torrente polifonico,
esa agonia del deleite,
el ruido armonico,
la sonajera sublime,
ese unico idioma comprensible
sin necesidad de diccionario.
Yo naci mucho despues de haber nacido,
solo Valparaiso me enseño a mirar,
solo Valparaiso me hizo respirar,
y llorar, y sentir y vivir.
Dondequiera que mi cuerpo transite
y deambule por el mundo,
mi alma morira en Valparaiso,
del puerto sera mi aliento ultimo,
y Valparaiso lanzara sus yeguas coloradas
de la lluvia calles abajo,
para empujar mi alma
a descansar el sueño de la Pequeña Serenata
Nocturna,
en el fondo de la bahia del Valle del Paraiso.

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