Saturday, 8 December 2012

La Naranja

                                    

                                                                                           


 La nieve de este invierno esta atrasada. Hace frio sin embargo y el viento gelido golpea fuerte. Los adoquines que forman el piso de la Plaza Roja estan desplazados en semicirculo como formando flores, una sobre la otra. De esta manera la temprana nieve va cayendo y sobre las piedras va formando leves abanicos blancos que conservan exactamente el sentido de los adoquines. Como es tarde ya poca gente transita y solo se ven unas pocas figuras alumbradas solo por los lejanos faroles. Frente al Mausoleo se destaca blanco y silencioso el edificio del GUM, a punto de cerrar y los ultimos clientes ya comienzan a salir.
 Un hombre encorvado y alto, vistiendo un largo abrigo gris y una shapka de piel de conejo acaba de entrar y se abre paso nervioso entre los que salen apurados. Una vez en el hall central mira hacia todos lados como buscando una direccion. Esta agitado, se ha quitado la gorra y su rostro se ve claro. Profundas arrugas le cursan el rostro, la nariz aguilena mas grande de lo normal no le afea la cara y el pelo desordenado es casi blanco con algo gris junto a las orejas y en la nuca.. Despues de un  instante de duda se dirige hacia las puertas de la tienda de productos, hacia la derecha de la entrada principal. Una o dos dependientas aun trabajan con los ultimos clientes, unas cinco y seis personas que ya pagan sus compras y se aprontan a marchar.
 Nikolai Ivanovich D., el anciano que acaba de entrar enfrenta junto al mostrador a una de las dependientas. Es una mujer de mediana estatura, mas bien gorda, cubierta con una bata blanca y en una solapa tiene la insignia del estabecimiento. Su mirada es dura y el gesto intimidante. Ya es la hora de cerrar. Nikolai Ivanovich le mira, respira hondo y como con un gran suspiro le dice:
 Companera, necesito una naranja.
Las palabras, si bien suaves son sonoras y las escuchan todos los que estan en la tienda. Como si se tratara de un idioma incomprensible, todos miran hacia el lado de donde vienen las palabras y se produce un silencio pesado, largo, como esperando una sentencia. La mujer se sorprende, luego pestanea y recupera el control y responde con tono tan intimidante como su gesto:
 No es tiempo de naranjas. Hasta luego.
Companera, usted no entiende . Necesito una naranja para un nino enfermo.
Entiendo perfectamente. Y usted tambien me entiede. No hay naranjas. Hasta luego.
Nikolai Ivanovich mira hacia el piso y su cuerpo no se mueve. Siente las miradas de los clientes y el silencio se hace mas pesado. Ya nadie sale y todos estan inmoviles como esperando algo inusual, mas inusual que este extrano anciano agitado que pide una fruta al comienzo del invierno. Y entonces se produce lo mas inesperado. Cuando todos suponen que este anciano saldra de la tienda sin decir una palabra, ven que Nikolai Ivanovich cierra los ojos, respira muy hondo y luego dirige su mirada hacia la mujer y en un tono distinto, con una voz que ni el mismo conoce le dice:
 Yo de aqui no me voy sin una naranja.
La mujer entonces le mira asustada. Algo le dice que pasara algo diferente esta vez y en lugar de contestar se dirige a la oficina y al cabo de un instante vuelve con un hombre vestido de traje,  gesto muy serio y molesto. La mujer le indica hacia Nikolai Ivanovich y el hombre se dirige hacia el. El hombre le mira con desprecio y luego le dice:
 Desea causar problemas , ciudadano?
Y entonces, como llevado por una fuerza desconocida , aferrandose con sus manos grandes y rudas al borde del mostrador Nikolai Ivanovich mira atentamente a este hombre y comienza a hablar.
 No, companero gerente, no vengo a causar problemas. Vengo por una naranja para un nino enfermo. Y de aqui no me voy a mover sin esa naranja, usted me entiende?
 Ya le han dicho que no hay naranjas- dice el gerente. Y si usted insiste tendre que hacerle salir por otros medios.
 Usted haga lo que quiera companero gerente.- responde Nikolai Ivanovich y luego continua con el mismo tono ya  carente de todo temor. Mire, yo me llamo Nikolai Ivanovich D. y tengo 75 anos. He trabajado por cincuenta anos y he luchado en la guerra. Fui herido y he sido condecorado.Estuve en Kursk, fui tanquista y despues de la guerra segui trabajando para mi familia. Eduque a mis hijos bajo los principios de la Gran Patria Sovietica. He pasado miserias y dolores. No se que le paso a mis padres. Nunca mas les vi, y tambien perdi a mis hermanos. Mi mujer aun vive y yo soy su unica familia y los hijos y ahora los nietos. Nunca he pedido nada gratis ni nada me han regalado. Vivo en un apartamento compartido y mi pension no me alcanza para vivir. Y vengo ahora, a comienzos de este invierno a la mayor tienda de Moscu, aqui, en el GUM, frente al Mausoleo de nuestro amado Lenin. Y necesito una sola naranja para un  nino enfermo.
 A medida que Nikolai Ivanovich hablaba, los clientes se habian agrupado en un costado y escuchaban con temor e incredulidad. El gerente estaba palido y las dependientas habian salido en busca de mas ayuda. Mas personas habian entrado a la tienda, algo insolito estaba ocurriendo. Otro gerente habia acudido y se producian movimientos en la oficina. Nikolai Ivanovich se sentia relajado, desahogado y con nueva fuerza continuaba hablando y repetia:
 No vengo por problemas, estuve en la guerra, no tuve miedo, quiero una naranja y de aqui no me muevo.Hagan lo que quieran. He sido un buen cuidadano. Es solo una naranja. Mis hijos me respetan. Estuve en Kursk, si, en Kursk.
Varios minutos habian pasado. Solo se escuchaban las palabras del anciano, entrecortadas pero firmes. Repetia su letania y ahora lagrimas deslizaban de sus grandes ojos azules. Uno de los gerentes llamo al otro hacia adentro, hablaban, miraban al publico, a los otros clientes y conferenciaban. Uno de ellos tomo un telefono y hablaba, asustado, interrogante, como pidiendo ayuda en una  inesperada emergencia. Como ya los gerentes no estaban junto al mostrador, Nikolai Ivanovich repetia sus palabras dirigiendose a los clientes.
  Es un nino enfermo. Y quiere una naranja. Nada le he pedido a la Patria Sovietica. He sido un buen ciudadano.Ustedes ven, solo quiero una naranja.
 Y en medio de ese silencio, solo interrumpido por las palabras de ese anciano, ante las miradas incredulas de los clientes y ante el propio asombro de Nikolai Ivanovich, se produjo un milagro. Uno de los gerentes, mirando alto y como portando un estandarte despues de una batalla victoriosa, entro en la sala llevando en su mano una grande, lustrosa naranja. Se dirigio a Nikolai Ivanovich y le dijo:
 Ciudadano, aqui esta su naranja.
Nikolai Ivanovich le miro, abrio la boca, se seco las lagrimas y como en un sueno tomo la naranja y se dirigio a la caja. Pago con monedas que extrajo del bolsillo del abrigo, miro a los clientes, luego a los gerentes y dependientas que miraban a su vez atonitas y dijo solamente.
Gracias. Disculpen. Es para un  nino enfermo.
En seguida salio de la tienda y luego hacia la Plaza Roja por la puerta principal. A esa hora la nieve caia mas fuerte. Ya habian desaparecido los abanicos  sobre los adoquines. Una leve capa blanca cubria la Plaza. Ya era hora del cambio de guardia y los soldados marchaban desde la puerta de la Torre. Nikolai Ivanovich caminaba fuerte, ya en la calle que conduce a la estacion del Metro. En su bolsillo la naranja y en sus pensamientos confusos y nerviosos la certeza de haber recien cometido un acto de extrema valentia y heroismo. En Kursk no habia tenido temor, en plena guerra. Ahora en cambio era diferente. Miraba asustado hacia los lados, volvia la cabeza. Pero solo sentia la nieve y el viento. Ya veia las puertas del Metro y apretando la naranja en su bolsillo se perdio por las escalas hacia la estacion.

No comments:

Post a Comment

Aun tenemos patria.

 "Aun tenemos patria, ciudadanos". (Manuel Rodriguez) El periodo entre la derrota de Rancagua y la victoria de la batalla de Chaca...