Friday, 21 December 2012
Paloma de la Esperanza
Mucha gente compra revistas; las leen, las regalan, las olvidan en el bus, recortan sus paginas , las tiran.
Voy a contar lo que sucedio con treinta revistas en Chile, cuando tener libros y revistas era casi delito, casi un crimen. Y ademas estas revistas tenian nombre de mujer y de pajaro. Mostraban mujeres bellas , todas bellas por dentro y por fuera; su ropa, sus pensamientos y sus esperanzas.
Guardar revistas a veces puede transformarse en una aventura de amor, de tristezas, de dolor, pero tambien de alegrias, sonrisas y reencuentros. Pero hubo un tiempo en Chile cuando la mujer se alzo como protagonista y puso semillas para el pais de hoy. Ahora Chile tiene una mujer Presidenta. Pero eso es posible gracias a las mujeres de antes, las que aprendieron a leer, las que fueron al liceo, a la universidad, las que lucharon por sus hijos y su familia, las que fueron humilladas y reprimidas. Gracias a las mujeres que salieron en las treinta revistas.
Muchos no saben, pero hubo un tiempo en que las mujeres fueron ministras, parlamentarias, escritoras, periodistas y ayudaron a abrir el camino de hoy y de manana. Obreras y campesinas, empleadas, actrices, artistas, madres y abuelas, jovenes y estudiantes; todas mujeres de la esperanza en un Chile nuevo.
Aun no se escribe completa la historia de esas mujeres. Muchas murieron, otras se fueron de Chile para siempre y muchas otras callaron su historia hasta ahora y en cada una de sus memorias yace una historia de muchas penas, de muchas luchas y lagrimas.
Yo vivi esa epoca y fui afortunado de conocer a muchas de esas mujeres. Algunas estaban en mi familia, otras eran mis companeras y mis amigas; a otras las veia en las revistas, en la television; las escuchaba gritar en las concentraciones, aplaudir en los conciertos. Eran las mujeres chilenas que se alzaron a vivir un sueno en 1970 y al cabo de tres anos comenzaron a vivir una terrible pesadilla.
Estas lineas contienen algo de ellas y de esa epoca.
Creo haber pertenecido a esa gran cantidad de familias chilenas donde las mujeres dominaron la situacion, y la influencia. Muy profunda era la presencia de los abuelos y del padre, pero las mujeres en mi familia fueron la maxima dosis de influencia. Fui un hombre con suerte, criado y rodeado de mujeres de gran empuje, sensibilidad e inteligencia. Mis dos abuelas fueron las protagonistas de sus propias familias; a una casi no la recuerdo, murio poco despues de traerme al mundo, era matrona y me saco ella misma del vientre de mi madre, alli en Calle Larga, en esa casa que la abuela Luisa tenia para venirse a descansar de las salitreras. Quizas cuantos cientos o miles de ninos trajo al mundo esta matrona, mi abuela Luisa, y yo fui su ultimo.
Su lugar lo ocupo mi abuela paterna, la abuela Rosa; ella fue en verdad quien me transmitio el cordon familiar de su familia, su amor por la tierra, las frutas y las cosas; la fidelidad por la familia y el sentido de lealtad hacia la gente de uno. Tambien de la abuela Rosa recibi algo que es dificil de describir, algo que no tiene nombre ni apellido pero tiene que ver con lo que uno es y sera toda la vida, algo que se parece al amor y los sentimientos, pero es mas que eso, es lo que sentimos a cada instante cuando pisamos la tierra, llegamos a un nuevo lugar y nos maravillamos con un objeto minusculo y solitario. Mi abuela Rosa me enseno a mirar un arbol y ver mas alla del arbol, ver mas que la fruta y las ramas. Esta sencilla mujer, que se habia pasado la vida criando a sus hijos y luego a sus nietos, hijos de mi tia Rosa, tuvo tiempo para ensenarme algunas cosas de la vida y la tierra que aun recuerdo. Han pasado tantos anos y a veces cuando llego a un lugar desconocido y huelo una fruta exotica, recuerdo a la abuela Rosa y la veo sonriendo a mi lado.
Tambien tuve dos o tres madres de leche. De ellas recuerdo muy bien y con gran carino a Laurita y Amanda, madres de tantos chiquillos propios, mis hermanos de leche, que debo tener parientes por todos lados, mas alla de Calle Larga.
Mi madre lleno despues otra dimension. Era maestra mi madre, pero no solo maestra en la escuela ; continuaba siendolo en la casa y en cada lugar donde estaba. Eva Navarrete nacio para ensenar y murio ensenando. Era tan facil aprender con esta maestra al lado, siempre leyendo, siempre comentando los libros y las revistas. Yo aprendi a leer en un calendario, leyendo los nombres del santoral y las efemerides, sentado en el borde del sillon de mi madre.
Mi madre era apasionada de las revistas. Hacia alcanzar su pobre sueldo para comprar todas las revistas que aparecian. Asi me transmitio ese vicio y esa pasion. Juntos en Calle Larga leiamos las revistas de todo tipo y aunque yo era muy joven por entonces, igual me las arreglaba para leer las revistas de mi madre. Por entonces yo recibia las revistas Okey, El Peneca, Estadio y Barrabases. Pero despues pasaba a las revistas de grandes, El Fausto, Confidencias, Para Ti, Zig Zag, Topaze, Rosita, Eva, Ecran.
El vicio siguio despues en Valparaiso y de la epoca del gobierno de Salvador Allende es la historia que voy a contar ahora.
Durante el gobierno de Allende, en 1971, mi madre jubilo como directora de escuela primaria. Pero no se quedo tranquila y se hizo voluntaria en su barrio para ayudar a las Juntas de Abastecimiento Popular, unos organismos creados por el gobierno para facilitar el abastecimiento de alimentos durante el acaparamiento de la derecha. Un tal General Bachelet dirigia por entonces este abastecimiento y mi madre estuvo haciendo eso hasta el 10 de septiembre de 1973, preocupaba de que cada cual recibiera lo mismo que el resto y tratando de ensenar recetas que fueran faciles con los productos que tenian.
La pasion por las revistas no habia disminuido, por el contrario, tratabamos de leer todo lo que se podia y tuviera relacion con el proceso politico y social que vivia Chile.
Asi salieron varias revistas nuevas ; unas editadas por la Editorial Quimantu del Gobierno, otras de oposicion.
Un dia, aparecio una revista nueva sobre la mujer. Era la version progresista de la Revista Paula o de la Revista Eva. Era una revista sobre la mujer comprometida, la mujer de avanzada en ese pais que se abria paso a una nueva senda.
La nueva revista se llamaba Paloma.
Por supuesto la comenzamos a comprar y leer. La Paloma era distinta, no era de mujeres cuicas, era de mujeres bellas pero de nuestras mujeres, nuestras companeras, nuestras amigas y novias.
Asi que Paloma fue tambien una mujer para amar y seguir.
Cada ejemplar de Paloma era leido y guardado como testimonio de la mujer nueva, la mujer nuestra.
Creo que salieron como 30 ejemplares de Paloma hasta el golpe del 11 de septiembre.
El 20 de septiembre allanaron mi casa, pusieron una camioneta bajo la ventana de mi dormitorio y arrojaron a la camioneta todos mis libros. Hasta hoy recuerdo los bellos libros perdidos, los autores rusos, la poesia, los autores chilenos, los cuentos, los viejos relatos de mi juventud, mis viejos libros salieron por la ventana hacia las hogueras del fascismo chileno.
Algunos libros se salvaron milagrosamente. Una primera edicion del Canto General, editado por el Partido Comunista durante la clandestinidad de Gonzalez Videla, se salvo porque estaba debajo de la jaula de un canario.
Otros estaban en otras piezas, metidos en veladores, libros agazapados bajo los catres.
En mi closet, bajo mi ropa colgada estaban los montones de la Revista Paloma.
Asi pasaron los anos y las Palomas siguieron escondidas en el closet, calladas , silenciosas.
En 1984 fallecio mi madre. Hasta el final de su vida leyo revistas, libros; escribio sus pensamientos y trato de ensenar. Por sus ultimos dias llegaba a nuestra casa portando los suplementos educativos de los diarios para mis hijas y les ensenaba de todo y disfrutaba contestando las preguntas. Unos anos antes yo me habia ido a vivir con mi esposa y mis hijas a nuestra propia casa. Nos llevamos los libros salvados y las revistas Paloma salieron del closet a otro lugar mas iluminado. Por entonces yo tenia un taller de imprenta en el Cerro Monjas. Haciamos formularios para la burocracia chilena. A veces yo sentia una pena enorme de utilizar esos bellos tipos de metal fundido para hacer papeles con columnas y espacios para los numeros de las exportaciones e importaciones, los almacenes particulares y el paso de los vehiculos por las fronteras. Hubiera querido imprimir poemas, novelas, creaciones de tantos chilenos escondidos, exiliados, acallados en Chile por la dictadura.
Entonces yo recorde las Palomas. Quise encuadernarlas y hacer tres libros con esa coleccion completa. Pero pedir eso a los operarios de la imprenta era arriesgado, podian darse cuenta de que eran revistas del tiempo de Allende.
Asi que un dia me lleve las Palomas a la imprenta y en una pieza aparte comence a encuadernarlas. Yo habia aprendido a encuadernar en el Liceo Eduardo de la Barra, en las clases de Trabajos Manuales con el profesor Cortes.
Primero saque cuidadosamente los corchetes y comence a coser las revistas en tres tomos. Una vez cosidas se encolaba el lomo y los tirantes con las contratapas, puestos los tomos en una prensa. Luego habia que “limpiarlos”, como se llama en imprenta a guillotinear los lados para que los tomos queden parejos. Lo hice cuando ya los operarios se habian ido. Despues hice las portadas y eleji un papel de cubierta muy comun, asi que los tomos parecen archivadores de oficina. Cuando los tomos estuvieron listos los lleve otra vez a la casa y mi esposa los leyo otra vez y selecciono articulos con recetas, modas, opiniones. Ella puso pequenos papelitos para senalar articulos de interes. Asi las Palomas estuvieron activas otra vez.
En 1989 viajamos a Canada. En un contenedor viajaron nuestros viejos muebles, las bicicletas, las ollas y los platos, los discos y los libros salvados. En alguna caja bien cerrada, las Palomas cruzaron el oceano, pasaron por el Canal de Panama y llegaron a los Estados Unidos. Alli hubo control del contenedor por si habian drogas, eso les interesa a los yankis. No se ocuparon de las Palomas en una caja y asi llegaron unos dias despues a Canada.
Cuando me separe de mi esposa, las Palomas quedaron bajo su custodia, varios anos la siguieron acompanando.
Un dia ella tambien separo casa y quiso darme algunas cosas de ese tiempo. Las Palomas volvieron a mi casa, ahora un pequeno apartamento en Toronto. A veces yo abria los libros y recorria esa epoca, la epoca de las Palomas, mi madre, mi polola, mis companeras. Eran las Palomas de los recuerdos.
Hace como dos anos mi segunda hija, Nadia, viajo a Chile de vacaciones. Mi primera hija, Eva, estudiaba periodismo en Santiago. Entonces se me ocurrio enviar a mi hija los tres libros de Palomas. Mi hija Eva se especializa en modas y temas del vestuario y la mujer. Era un regalo adecuado.
Yo no sabia que estas Palomas estaban destinadas a una nueva aventura, a cerrar un circulo de un viaje que no habia terminado.
Mi hija estaba comenzando a hacer su memoria. Durante las conversaciones por internet sobre su trabajo surgio la idea de hacer su memoria sobre la mujer en tiempos de la Unidad Popular y teniendo como base las revistas de la epoca y entre ellas las Palomas.
Mi hija no se anda con chicas y comenzo a solicitar entrevistas con las protagonistas y testigos de la epoca.
La celebre periodista Raquel Correa no estuvo muy feliz al comienzo de otorgar una entrevista a una estudiante que proyectaba escribir una memoria sobre la moda y el fashion de la Unidad Popular, tema un tanto frivolo. Sin embargo no solo le concedio la entrevista sino que fue muy amable en darle detalles ineditos de esa epoca, en contarle detalles personales.
En medio de la conversacion, salio el tema de las Palomas.
Raquel Correa era amiga de la que fue la directora de la Revista Paloma, Cecilia Alliendes.
Le dio la direccion de su amiga y le dijo que vivia en China, esposa del embajador de Chile en ese pais.
Eva se comunico con Cecilia Alliendes y le conto su proyecto y la existencia de los tres tomos de Palomas.
Cecilia Alliendes penso que era una broma. Existian las Palomas y escribian una memoria sobre ellas??
Al poco tiempo Cecilia Allendes viajo a Chile y conocio a mi hija. Se abrazaron como si se conocieran, se emocionaron, dos generaciones distintas de periodistas y mujeres chilenas.
Cecilia Allendes tuvo los tres tomos de Palomas en sus manos, los abrio y lloro.
Ahi estaba parte de su historia, parte de su vida.
Hizo una dedicatoria a nuestra familia en uno de los tomos y se refirio a las revistas como las Palomas de la Esperanza. Su Esperanza de que Chile recupere la alegria , la alegria de ser todos chilenos, hermanos, amigos, de superar los odios y las separaciones.
Mi hija continua trabajando en su memoria, una memoria que cada dia adquiere nuevos significados. Desde China, Cecilia Allendes envia sus saludos y su gratitud por haber conservado ese patrimonio.
Para terminar esta historia, transcribo el texto que mi hija nos envio tras la entrevista con Cecilia Allendes.
Pero la verdad, verdad, esta historia no termina. Ninguna historia termina, todo tiene su significado y las claves estan ahi solo para identificarlas. Los ciclos no se detienen y los hechos ocurren y vuelven a ocurrir aunque muchas veces pensamos que las historias han terminado. Las Palomas escondidas en el fondo de un closet, viajando los oceanos en una caja, son las mismas palomas que leyo mi madre, mi polola, con los papelitos marcadores, cosidas y empastadas en secreto, guardadas y mantenidas para ser parte de la historia de la mujer chilena en una epoca historica de Chile.
Me escribio mi hija Eva:
“En 1972 la llamó una amiga para ofrecerle hacerse cargo de una revista
Dedico esta historia a todas las mujeres de mi familia. Ellas, de una forma u otra, directa e indirectamente, ayudaron a guardar las Palomas y hacer la historia de la mujer chilena: Mis abuelas, mi madre, mis tias y primas, mi hermana, mi suegra, mi esposa, mis hijas.
A mi hija Eva Maria Medalla, por estar averiguando por todos lados la suerte de la mujer chilena en una epoca para muchos desconocida.
Mas que nadie, esta historia es para Cecilia Allendes, una periodista que hizo historia de la mujer en Chile y aun vive manteniendo la Esperanza y la Alegria.
Marcos Medalla.
Lector de Revistas
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