Esta historia se trata de un robo, pero no es historia policial. Es mas bien la historia de mi primer amor; y tampoco es del amor por una mujer sino por una ciudad. Ese amor me ha durado toda la vida y seguramente me durara hasta que muera.
Era como el ano 1953 o 54. Yo tenia como 7 anos. Vivia en Calle Larga, una comuna agraria de Los Andes, cerca de la cordillera grande y de la cordillera chica. Mi ninez se desarrollaba tranquilamente entre esas dos cordilleras, en una casa en medio de un huerto de duraznos, naranjos, olivos, parrones, acequias de aguas rapidas y al cantar de los zorzales, las tencas y los picaflores.
Entonces mi madre me llevo de viaje, invitada a la casa de sus amigos los Poblete, gente de ciudad, con casa tipo chalet de dos pisos, en una avenida con palmeras y ruido de camiones, gritos de mercado y olor a una cosa rara, una mezcla de sal y agua, tambien a carbon y azufre. Yo conocia el olor del azufre porque mi padre lo vendia en el negocio para distintos usos del campo. Pero este olor era diferente, era una suerte de todo, olor a todo. Era el olor de Valparaiso. El olor de mi amor Valparaiso, ese olor intimo del amor de uno que se recuerda siempre y cada vez que se siente a uno se le erizan los pelos.
Asi que llegue a Valparaiso en medio de su olor, cerca de la estacion Baron, en plena Avenida Brasil, frente al Mercado Cardonal, donde vendian los pescados mas grandes que yo habia visto en mi vida, con colores rojos y pardos, unas jaibas del porte de una pelota de futbol y unos insectos inmensos, con antenas y colores vivos, que brillaban al compas de sus movimientos sobre los grandes mesones de fierro. Pero no eran insectos, la gente los compraba y se los comian con deleite. Se llamaban langostinos.
Yo me arrancaba del chalet y cruzaba al mercado a mirar los insectos esos, los pescados y las jaibas descomunales. Pero mas que nada yo queria escuchar los gritos de los vendedores. La gente en Valparaiso gritaba de manera distinta a Los Andes. Decian otras palabras, se reian mas fuerte, se decian cosas unos a otros como si se conocieran de toda la vida. Los vendedores trataban de “mijita” a todas las clientas y nadie se enojaba. En Los Andes yo un dia llame “mijita” a una companera de la escuela y me acusaron a mi mama, que era la directora. En Valparaiso la gente era mas libre, mas abierta. Los vendedores miraban mi cara de asombro y me invitaban a tocar los pescados, me regalaban unos langostinos o un platano. En el mercado era facil hacer amigos, bastaba ayudar a los otros ninos a sacar la fruta de los canastos y ponerlas en los mesones. Yo tenia practica en eso y les ayudaba. Asi me hice los primeros amigos en Valparaiso.
Un dia mi mama me hizo poner la mejor ropa que habia llevado. Zapatos nuevos, unos pantalones cortos de tela inglesa, camisa blanca, suspensores con broches dorados. Me prohibio que pateara piedras con los zapatos nuevos y que me comportara bien en la mesa porque iriamos a tomar el Te.
Yo no entendi tamana exageracion para tomar el te. En Calle Larga todos tomaban te sin gran faramalla.
El viaje comenzo cuando tomamos un trole. Era un bus con suspensores como decian los ninos del mercado. No hacia ruido y las puertas se abrian y cerraban solas. Yo me sente en un asiento solo y me puse a mirar por la ventana. Entonces vi por primera vez el plan de Valparaiso. Avenida Brasil, Avenida Argentina, Pedro Montt, la Plaza Victoria. Brasil de nuevo y nos bajamos cerca de un gran monumento a Lord Cochrane. Yo venia mareado, nunca habia visto tanta gente en una calle, los comercios todos abiertos, mas gritos de toda clase; callejones, ventanas por todos lados y al fondo, los cerros cargados de casas, casas, casas, mas callejones. Era como un interminable laberinto de calles y callejones, quebradas y escalas, todo rodeado de casas y de gente. Creo que en ese momento yo jure que si alguna vez era millonario, me vendria a vivir a Valparaiso para siempre, esto no era una ciudad, era algo magico, era como abrir un tesoro, uno se divertia mirando a cualquier lado. Sali del trole tiritando y estoy seguro que ya entonces me habia enamorado de Valparaiso.
Caminamos unas cuadras y era como andar en un barco. Las calles eran estrechas y por todos lados se sentia el olor a Valparaiso. Ibamos por la Calle Condell, medio serpenteante y de repente llegamos a una plazoleta pequena. Habia un alto edificio a la izquierda y a la derecha habia una pileta con pescados de colores. El agua de la pileta caia del cuerpo de un gran Rey. El Rey sostenia un arpon y anos despues supe que era Neptuno.
No habia tiempo para admirar la fuente. La fuente aun existe, la plazoleta se llama Anibal Pinto, ahi esta todavia y quizas sea uno de los lugares mas bellos de Valparaiso.
Entonces miro el edificio hacia donde caminamos. Tiene varios pisos y es una construccion muy antigua, muy bella. Parece una torta de novios, con decoraciones y relieves.
En ese lugar vamos a tomar el Te. Mi mama me hace nuevas recomendaciones y yo miro el nombre del lugar: Cafe Riquet.
Entramos y en ese momento llego por primera vez a un lugar que ha estado atado a mi vida por mas de medio siglo. Cuando nos asomamos a uno de los dos grandes comedores, entiendo las recomendaciones de mi mama. La cosa no es Cafe, mas bien parece Catedral. Las mesas son de maderas finas, los manteles son impecables, bordados. Los cubiertos, tazas, servilletas, todo parece de un cuento. Los mozos visten pantalon negro y chaqueta blanca, inmaculadas. Llevan corbata de humita. Se inclinan ante los visitantes y les guian hasta la mesa. Yo no hallo para donde mirar, todo es como de fantasia. Las paredes llenas de cuadros.
Miro a unas senoras de la mesa del lado y veo que toman te con ceremonia, levantan el dedo chico al tomar las tazas y sorben solo un poquito y vuelven a poner la taza en el platillo. Se estan comiendo unos pasteles y veo que lo hacen con una espatula chica y tambien comen de a poco.
Nos traen el te, unos pasteles y tambien helado. Veo que en la bandeja del mozo viene una tetera de porcelana con el Te y tambien deposita en la mesa un instrumento que yo nunca habia visto. Era de metal dorado, quizas mezcla de bronce fino con relieves y decoraciones. Yo lo tomo de inmediato con curiosidad y mi mama me hace ponerlo de nuevo en su lugar. Entonces me doy cuenta que se trata de unas tenazas y son para agarrar los terrones de azucar. Mi mama conversa con su amiga Poblete y hablan de muchas cosas que no me interesan. Yo miro la gente, el cafe Riquet y juego con las tenazas y los terrones.
Veo que todas las mesas tienen tenazas y entonces se me ocurre la idea maldita. Me llevare las tenazas a Calle Larga y se la mostrare a mis amigos. Antes que venga el mozo y cuando ya veo que no tomaran mas te, me meto las tenazas al bolsillo del pantalon. El mozo retira todo y no se percata de la ausencia. Salimos con ceremonia como llegamos y volvemos a tomar el trole. Me olvide de las tenazas; Valparaiso de nuevo desfilaba ante mis ojos y como yo estaba enamorado ya, no tenia pensamientos para otra cosa.
Ya en casa de la Avenida Brasil me encontre las tenazas en el bolsillo y me entro un panico espantoso. Se veian mas grandes en la casa que en el Riquet y brillaban mas.
Entonces decidi no llevarlas a Calle Larga, seria mucho riesgo, Decidi deshacerme de ellas. Me fui al patio y las deje entre unos cajones de cosas viejas y pense que jamas nadie las encontraria.
Viajamos en tren a Calle Larga luego de unos dias y ya en casa yo solo pensaba en Valparaiso y en mi sueno de volver alli para siempre.
Un dia mi mama me pregunto porque andaba tan nervioso y no se lo que paso por mi mente y le conte lo de las tenazas. Mi mama me escucho con atencion y luego se rio mucho. Dijo que yo era un mentiroso, que no podia haberme llevado esas tremendas tenazas en el bolsillo. No hablamos mas del tema.
Unos meses mas tarde recibimos la visita de los Poblete en Calle Larga. Una tarde mi mama le conto a su amiga Poblete que yo le habia dicho la historia de las tenazas y que seguramente era una fantasia mia. La amiga Poblete miro a mi mama con una sonrisa timida y le dijo: “No, no es mentira. Yo encontre las tenazas en el patio de la casa”.
Mi mama puso cara de espanto y luego de eso tuve una conversacion de mas de tres horas con ella sobre la honradez, el buen comportamiento y los buenos habitos. Me hizo prometer que nunca mas volveria a hacer una cosa asi y yo estaba tan choqueado con el descubrimiento que no era necesario prometer nada.
Mi papa fue mucho menos comprensivo con el robo de las tenazas porque apenas supo me saco la mierda.
De eso han pasado exactamente 55 anos.
No fue necesario ser millonario para vivir en Valparaiso. Alli vivi por casi 20 anos y segui unido a Valparaiso hasta que sali de Chile. No hay duda alguna que Valparaiso es la ciudad que mas amo en el mundo. Sigo siendo fiel a Valparaiso y Valparaiso, aunque ha dormido con muchos otros hombres, me sigue acogiendo con el mismo amor de antes, me provoca los mismos tiritones de la primera vez y mi amor por Valparaiso sigue siendo misterioso y eterno.
Hace cuatro meses he vuelto a Valparaiso despues de 10 anos. Un dia mi amigo Joel Perez Olguin me envita a almorzar y decidimos ir al cafe Riquet.
Las mismas mesas, los mismos mozos y sus chaquetas. Pedimos el almuerzo y pido una botella de Santa Emiliana tinto. Al compas de la botella y la nostalgia, comienzo a contar la historia de las tenazas. Escucha Joel atentamente y tambien el mozo. Este sonrie y me dice que recuerda muy bien ese tipo de tenazas que habia hace 50 anos. El mozo desaparece y al rato vuelve todo misterioso con un paquetito en papel de servilletas. Se inclina ante mi y me dice: “Senor, no pude encontrar tenazas alla adentro, ya no hay. Pero aqui tiene un platito del Riquet, lleveselo porque esto cerrara pronto. Usted merece tener un recuerdo de este lugar”.
Otra vez me echo el paquetito al bolsillo del pantalon y salimos con Joel a la calle Esmeralda. Miro a Neptuno ahi mismo y quizas mi madre va saliendo tambien con nosotros. Al menos eso senti yo.
Hace unos dias una amiga me envia la noticia de los diarios. El Cafe Riquet ha cerrado. La Tesoreria de la Republica ha rematado las mesas, las sillas y los platos. Los empleados lloran por su local de toda la vida. Yo leo las noticias y lloro tambien. Lloro por el Riquet de mi infancia, el de las tenazas. El te con mi madre y los cientos de veces que fui otra vez al Riquet con amigos, amigas, companeros, clientes, pololas, novias, esposa, hijos.
Yo venia en un trole cuando me enamore de Valparaiso. Creo que tambien dejaron de funcionar los troles el mes pasado.
No importa todo eso. Mi amor es con Valparaiso y eso no desaparecera jamas.